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    Comercio Exterior

    Argentina pidió entrar al CPTPP y abre una agenda pesquera con impacto en Malvinas

    PescarePor Pescare30 de junio de 20267 Minutos
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    El acuerdo reúne doce economías, mueve el 15% del comercio mundial de bienes y contiene reglas específicas sobre pesca marítima, subsidios, sobrepesca y captura ilegal.

    Argentina formalizó su solicitud de adhesión al Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico, conocido como CPTPP, y abrió una negociación que excede el comercio general. Para la pesca, el movimiento incorpora una agenda concreta: acceso a mercados de alto valor, reglas de origen, exigencias ambientales, control de subsidios, gestión de recursos marítimos y resguardo jurídico sobre el Atlántico Sur frente a la presencia del Reino Unido dentro del bloque.

    La presentación fue realizada por el canciller Pablo Quirno mediante una nota oficial entregada a Todd McClay, ministro de Comercio e Inversiones de Nueva Zelanda, país depositario del acuerdo. El dato central es económico, pero su consecuencia sectorial es pesquera. Argentina pidió ingresar a un esquema comercial que reúne a Australia, Brunei Darussalam, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Reino Unido, Singapur y Vietnam.

    El bloque representa un PIB nominal agregado de USD 12,2 billones, equivalente a cerca del 13% del PBI mundial, y concentra alrededor del 15% del comercio global de bienes. También reúne un mercado de 514 millones de personas, el 6,4% de la población mundial. En 2025, las exportaciones argentinas a esos países alcanzaron USD 16.329 millones, con un superávit comercial de USD 8.930 millones.

    La cifra ubica la decisión en un terreno de escala. El CPTPP no es solamente una puerta hacia Asia-Pacífico. Es un régimen de reglas comerciales, productivas, sanitarias, ambientales y documentales. En pesca, ese punto resulta determinante porque los mercados que integran el acuerdo incluyen compradores, procesadores, distribuidores y plataformas logísticas donde la trazabilidad, la legalidad de captura y la sostenibilidad del recurso pesan cada vez más sobre el precio, el acceso a los mercados de consumo y la continuidad comercial.

    El capítulo ambiental del acuerdo contiene una referencia directa a pesca marítima de captura. El texto reconoce el rol de los Estados como consumidores, productores y comerciantes de productos de origen marino, y vincula el sector con el desarrollo de comunidades pesqueras, incluidas las artesanales y de pequeña escala. Para Argentina, ese encuadre conecta comercio exterior con administración del recurso.

    La norma del CPTPP apunta a que cada parte opere un sistema de gestión pesquera destinado a prevenir la sobrepesca y la sobrecapacidad, reducir la captura incidental de especies no objetivo y juveniles, y promover la recuperación de poblaciones sobreexplotadas. Además, exige que esos sistemas se apoyen en la mejor evidencia científica disponible y en prácticas internacionales reconocidas de manejo y conservación. Todos estos atributos conocidos por los actores de la pesca argentina, con lo cual, administración y sector privado regidos bajo el sustento biológico y científico del INIDEP encontraran, al menos desde los requerimientos, un trámite holgadamente cumplido.

    El dato tiene impacto directo sobre el modelo argentino. El país cuenta con investigación del INIDEP, decisiones del Consejo Federal Pesquero, cuotas, permisos, vedas, áreas de esfuerzo restringido, partes de pesca, monitoreo satelital, fiscalización y control de desembarques. La adhesión a un tratado con estándares pesqueros explícitos llevaría ese sistema a una instancia comercial más exigente, ya no alcanzará con pescar y exportar; habrá que demostrar cómo se pesca, bajo qué reglas, con qué respaldo científico y con qué trazabilidad documental; todo lo que el sector privado viene encaminando en los últimos años.

    El CPTPP también ingresa en una zona especialmente sensible, los subsidios y subvenciones a la pesca. El artículo referido a pesca marítima establece la necesidad de controlar, reducir y eventualmente eliminar subsidios que contribuyan a la sobrepesca y a la sobrecapacidad. También restringe subsidios vinculados a buques listados por pesca ilegal, no declarada y no reglamentada. Ese punto anticipa una discusión de fondo para cualquier país que busque competitividad pesquera con apoyo fiscal, beneficios sectoriales, incentivos portuarios o asistencia productiva.

    Para la Argentina pesquera, el desafío consiste en separar herramientas legítimas de desarrollo de instrumentos que puedan ser objetados por el acuerdo. La política pública dirigida a sostener empleo, plantas, puertos, seguridad operacional, renovación tecnológica o eficiencia energética deberá estar técnicamente justificada y compatible con la conservación del recurso. El centro de gravedad se desplaza hacia una pregunta concreta, ¿qué tipo de asistencia fortalece la competitividad sin aumentar esfuerzo pesquero sobre poblaciones comprometidas?.

    El tratado también incorpora la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada como problema con impacto sobre comercio, desarrollo y ambiente. En el Atlántico Sur, esa definición tiene una lectura inmediata. Argentina convive con una frontera marítima donde el control de recursos, la operatoria de flotas extranjeras, el seguimiento satelital, la fiscalización y la defensa de los espacios marítimos forman parte de una agenda permanente por la vigilancia y control de los espacios marítimos, por la decisión política de tolerancia cero después de una disposición SSRAyP Nro.20/2026 que marcó un antes y después para el control y la lucha contra la INDNR siendo un leading case para el resto de países que luchan por preservar especies capturadas sin ningun tipo de control y fiscalización.

    Allí aparece el punto Malvinas. El Reino Unido es miembro pleno del CPTPP desde el 15 de diciembre de 2024. Su protocolo de adhesión define el alcance territorial del acuerdo para el Reino Unido e incorpora una cláusula que permite extender la aplicación del tratado a territorios bajo responsabilidad internacional británica, siempre mediante acuerdo de todos los gobiernos parte y por intercambio de notas diplomáticas.

    Ese dato jurídico requiere precisión. La adhesión británica no aplica automáticamente el CPTPP a las Islas Malvinas. La alarma aparece en el mecanismo de extensión futura. Para Argentina, cualquier intento de proyectar beneficios comerciales, reglas de origen, preferencias arancelarias o reconocimiento económico sobre las islas y sus espacios marítimos tendría una consecuencia política, jurídica y soberana.

    La posición argentina mantiene carácter permanente, la recuperación del ejercicio pleno de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos correspondientes constituye un objetivo irrenunciable del país. Esa definición convive ahora con una estrategia de apertura comercial que busca insertar a la Argentina en cadenas globales de valor.

    La misma semana en que este tema volvió a cobrar relevancia, el Comité Especial de Descolonización de las Naciones Unidas reiteró el llamado a la Argentina y al Reino Unido para reanudar las negociaciones bilaterales destinadas a encontrar una solución pacífica y definitiva a la disputa de soberanía. La coincidencia temporal refuerza el carácter sensible de cualquier negociación comercial donde Londres tenga asiento pleno.

    Para el sector pesquero, la lectura debe ser concreta. El CPTPP puede mejorar acceso a mercados, ampliar destinos, reducir barreras, facilitar operaciones y aumentar previsibilidad para productos argentinos. Langostino, merluza, calamar, merluza negra y otras especies exportables podrían encontrar un marco comercial más amplio si la negociación avanza con inteligencia técnica, respaldo sanitario y consistencia documental.

    La oportunidad también trae obligaciones. Los compradores de alto estándar piden trazabilidad, legalidad de captura, certificaciones, control ambiental, estabilidad regulatoria y consistencia institucional. La Argentina que ingrese a esa mesa deberá mostrar administración pesquera seria, información pública confiable y defensa activa de sus intereses marítimos.

    El capítulo pesquero del CPTPP convierte al recurso en una variable comercial. Ya no se trata solamente de vender más. Se trata de vender dentro de un sistema donde el origen, la ciencia, el control y la sustentabilidad definen valor. En ese terreno, el Atlántico Sur deja de ser una referencia geográfica y pasa a ser un activo estratégico.

    La solicitud argentina recién inicia un proceso que puede demandar años. Sin embargo, el efecto político ya comenzó. El país pidió entrar a un bloque donde convergen comercio global, normas pesqueras, subsidios, sostenibilidad, pesca ilegal y una contraparte directa de la Cuestión Malvinas. Para la pesca argentina, el mensaje es claro, la apertura comercial puede abrir mercados, pero deberá avanzar con soberanía escrita, gestión científica demostrable y control efectivo sobre cada tonelada que salga del mar argentino, algo que el sector privado, el Instituto rector biológico y la administración vienen haciendo desde hace mucho tiempo.

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