Desde ayer, 1 de mayo 2026, comenzó a aplicarse el acuerdo entre el MERCOSUR y la Unión Europea, un entendimiento que abre una nueva etapa en el comercio bilateral con reducción de aranceles, cuotas preferenciales y un marco normativo común para el intercambio y la inversión.
De acuerdo con estimaciones privadas, las exportaciones argentinas al mercado europeo podrían pasar de US$8.499 millones (2026) a más de US$15.000 millones (2030) en solo cuatro años, lo que implicaría un crecimiento proyectado del 100% en el próximo lustro. No obstante, este escenario estará condicionado por el cumplimiento de exigentes estándares regulatorios europeos y un marco de estabilidad en las variables macroeconómicas de Argentina.
El acuerdo establece la eliminación de aranceles para el 92% de las exportaciones del MERCOSUR, junto con esquemas preferenciales para otro 7,5%, consolidando condiciones de acceso más competitivas frente a otros proveedores internacionales.
Las reducciones arancelarias se aplicarán de manera escalonada según el producto, con plazos que van desde la desgravación inmediata hasta períodos de entre 4 y 10 años, e incluso hasta 15 años en algunos casos para el bloque sudamericano.
Para la pesca argentina, el acuerdo abre un escenario de mejora en el acceso al mercado europeo. De acuerdo con el informe elaborado por la Asociación para el Desarrollo de la Pesca Argentina (ADPA), la Unión Europea no excluyó productos del capítulo pesquero, lo que implica que todas las posiciones arancelarias alcanzarán una liberalización total al final del período de implementación.
En el capítulo pesquero, el acuerdo establece un esquema de desgravación diferenciado según las especies, aunque con un objetivo común: la eliminación total de aranceles en el mercado europeo.
En el caso de la merluza, los derechos de importación se reducirán de manera progresiva desde la entrada en aplicación hasta un plazo de entre cuatro y siete años. Para el langostino, la baja será más rápida en la mayoría de las posiciones, con reducciones inmediatas o dentro de los primeros cuatro años, aunque algunas categorías específicas contemplan plazos de hasta diez años.
Por su parte, especies como el calamar, la merluza negra y la corvina accederán al mercado europeo sin aranceles desde el inicio del acuerdo, mientras que la centolla tendrá un esquema de desgravación que se completará en un plazo de cuatro años. Este esquema posiciona a los productos argentinos en mejores condiciones frente a otros proveedores internacionales y refuerza el potencial exportador del sector en destinos de alto valor.
Más allá de la cuestión arancelaria, el acuerdo incorpora un amplio conjunto de disciplinas comerciales, incluyendo normas sanitarias, obstáculos técnicos, reglas de origen y mecanismos de facilitación del comercio.
En este contexto, uno de los principales desafíos para los exportadores argentinos será adaptarse a los estándares europeos en materia ambiental, sanitaria y de trazabilidad, aspectos que podrían convertirse en condicionantes clave para aprovechar plenamente las oportunidades del acuerdo.
La entrada en aplicación del acuerdo marca un punto de inflexión para la inserción internacional del país, con potencial para expandir exportaciones y atraer inversiones. Sin embargo, el impacto final dependerá no solo de las ventajas arancelarias, sino también de la capacidad del sector productivo para adaptarse a estándares cada vez más exigentes y sostener competitividad en un mercado altamente regulado.






