Transitada la madurez de la temporada de pesca de langostino (Pleoticus muelleri) en aguas nacionales, la pesquería ingresó en una etapa marcada por la dispersión de las concentraciones, la variabilidad de los rendimientos y una creciente disputa sectorial alrededor de su continuidad. El recurso permanece disponible, aunque su localización resulta menos previsible y obliga a la flota a concentrarse sobre espacios reducidos, con consecuencias operativas que alcanzan la seguridad de la navegación.
Los datos oficiales de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación registran 136.493,5 toneladas desembarcadas entre enero y julio de 2026. El volumen se distribuyó en 27.522,6 toneladas durante enero, 15.228,2 en febrero, 5.955 en marzo, 1.753,4 en abril, 6.080,9 en mayo, 38.975,8 en junio y 40.977,6 toneladas en julio.
Las cifras permiten distinguir tres momentos productivos, aunque la estadística mensual publicada por Nación agrupa los desembarques y carece de una separación exacta por jurisdicción y período operativo. Entre enero y marzo, coincidiendo con la zafra provincial de Chubut, se desembarcaron 48.705,8 toneladas. Abril y mayo, meses que comprendieron la pesca al norte del paralelo 42° Sur y los primeros días de actividad dentro de la Zona de Veda Permanente de Juveniles de Merluza, sumaron 7.834,3 toneladas.
La etapa de mayor volumen comenzó con la apertura comercial dentro de la zona de veda. Nación habilitó las subáreas 4, 5, 15 y 16 el 29 de mayo, luego de la prospección iniciada tres días antes. Los desembarques acumulados durante junio y julio alcanzaron 79.953,4 toneladas. Si se incorporan las aproximadamente 5.000 toneladas capturadas durante los primeros dos días de agosto, todavía pendientes de consolidación en la estadística mensual, el tramo iniciado en junio se aproxima a 84.953 toneladas y el acumulado anual ronda las 141.500 toneladas sin contar lo capturado durante agosto. Esta última cifra constituye una estimación provisoria y deberá ajustarse con la próxima actualización oficial mas lo que eventualmente pueda capturar la flota amarilla de Chubut en aguas bajo interes provincial en el último bimestre 2026.
Rendimientos desiguales antes del temporal
La información operativa correspondiente a los primeros días de agosto ya mostraba un escenario heterogéneo. En la subárea 7, la Captura por Unidad de Esfuerzo —CPUE— pasó de 4.674 kilos por hora el 2 de agosto a 1.041 kilos el día siguiente, para luego ubicarse en 1.879, 2.077 y 2.144 kilos por hora entre el 4 y el 6 de agosto.
En las restantes zonas, la cantidad de lances informados fue menor y los resultados presentaron fuertes oscilaciones. La subárea 2 registró CPUE de 11.367 kilos por hora sobre dos lances el 4 de agosto, 1.739 kilos sobre siete lances el día 5 y 6.061 kilos sobre dos operaciones el 6. En la subárea 4 se informaron 1.760 kilos por hora, mientras que la subárea 8 alcanzó 2.028 y la 15 apenas 1.111 kilos por hora.
La mayor variabilidad apareció fuera de la zona de veda, entre los paralelos 40° y 41° Sur. Allí se registraron 35.438 kilos por hora sobre seis lances el 2 de agosto, 20.982 kilos sobre cinco operaciones al día siguiente, 3.783 kilos sobre diez lances el 5 de agosto y apenas 351 kilos por hora sobre tres operaciones el día 6.
La amplitud de esos valores revela dos elementos. El primero es la presencia de concentraciones de alta magnitud y corta persistencia. El segundo, la escasa representatividad estadística de algunos registros, construidos sobre una cantidad reducida de lances. La disponibilidad existe, pero aparece agrupada en núcleos pequeños, móviles y difíciles de interceptar de manera sostenida.
Antes del temporal del último fin de semana, los buques Centauro 2000, Don Santiago y Sfida localizaron langostino entre los paralelos 40° y 41° Sur. De acuerdo con la información recogida en la zona de pesca, algunas unidades completaron su capacidad en aproximadamente 24 horas y emprendieron regreso a Mar del Plata con predominio de ejemplares L1 de muy buena calidad, en una de las mareas más breves de la temporada.
El fenómeno explica los valores extraordinarios registrados en ese sector durante los primeros días de agosto. También confirma su carácter puntual: los rendimientos descendieron de manera pronunciada en las jornadas siguientes, mientras nuevos buques se desplazaban hacia la zona.
La flota volvió a las mismas posiciones
Superado el temporal, la actividad recuperó continuidad espacial en los mismos sectores donde se venían obteniendo capturas. La búsqueda posterior se dirigió hacia concentraciones comerciales ya identificadas, sin que hasta el momento apareciera otra zona con volumen suficiente para modificar el mapa operativo de la temporada.
La flota quedó dividida en dos grandes grupos. Alrededor de 168 buques se concentraron sobre un sector de la subárea 7, mientras otras 60 embarcaciones operaron fuera de la ZVPJM, al norte del paralelo 42° Sur. La presencia simultánea de tantas unidades sobre manchas reducidas convirtió el espacio de trabajo en uno de los condicionantes centrales.
En algunos sectores llegaron a operar hasta cuatro buques separados por aproximadamente un cable, unos 185 metros. Capitanes consultados describieron lances en los que una red de la banda de estribor capturó alrededor de 6.000 kilos de langostino y la red de babor regresó prácticamente vacía, con poco más de 130 kilos.
El contraste entre ambas redes muestra la forma actual de las concentraciones. El langostino puede ser detectado mediante sonda en la columna de agua o agrupado en pequeñas manchas sobre el fondo, pero su captura depende de que el aparejo atraviese exactamente ese núcleo durante la pasada.
“Hay momentos en los que una red viene cargada con 5.000 kilos y la otra casi vacía. El langostino está en chofas muy puntuales y todos los barcos terminan buscando dentro del mismo espacio”, explicó uno de los capitanes que opera en la zona.
Esa concentración de buques eleva el riesgo de enganches entre aparejos, obliga a coordinar rumbos y velocidades con márgenes mínimos y aumenta la posibilidad de aproximaciones peligrosas. En estas condiciones, la administración del espacio adquiere la misma importancia que la detección del recurso, porque cualquier maniobra imprevista puede derivar en daños sobre los equipos de pesca, colisiones o situaciones que comprometan a las tripulaciones.
La subárea 7 perdió calidad y regularidad
Durante las primeras horas de hoy jueves 13 de agosto, cuatro capitanes consultados coincidieron en que la situación de la subárea 7 había mostrado pocos cambios. Los lances conservaban tallas comerciales, con presencia de ejemplares L1 y L2 junto con proporciones de L3 y L4, pero el producto presentaba características diferentes de las observadas al comienzo de la zafra.
“El langostino mantiene talla comercial, pero está más blando de cáscara y la expectativa por lance es baja. Seguimos trabajando porque aparecen marcas y para nosotros aunque sea 2000/2500 kilos por lance sirve siempre, aunque la continuidad ya no es la misma”, señaló uno de ellos.
Los reportes recogidos en la zona indican una captura con escasa fauna acompañante en ese sector. El problema actual de la subárea 7 radica en la calidad irregular, la baja previsibilidad y la concentración de demasiados buques sobre un área limitada, antes que en una presencia significativa de juveniles o merluza.
En las subáreas 15 y 16, donde opera una cantidad menor de embarcaciones, los resultados también son discontinuos. Algunos lances encuentran langostino comercial y otros producen capturas reducidas, una alternancia que limita la posibilidad de sostener mareas regulares.
La merluza marcó el límite en la subárea 14
El cuadro observado en la subárea 7 contrasta con lo ocurrido semanas atrás en la subárea 14. Allí, según los testimonios recogidos entre capitanes, la presencia de merluza alcanzó niveles que alteraron por completo la naturaleza de las operaciones.
El último documento oficial disponible aporta una referencia concreta. El Acta CFP N.º 21/2026, basada en informes del INIDEP, indicó que entre el 12 y el 20 de julio las categorías predominantes de langostino en la subárea 14 fueron L2, con 37,22%, y L1, con 26,24%. Los ejemplares L4 y menores alcanzaron un máximo del 19%. Para el período comprendido entre el 16 de abril y el 18 de julio, el Instituto calculó un bycatch acumulado de merluza cercano a 8.800 toneladas para el conjunto de la pesquería.
La Autoridad de Aplicación dispuso el cierre del sector norte de la subárea 14 el 23 de julio, a partir de la información comunicada por el INIDEP. Los capitanes consultados sostienen que, durante los días previos, la relación entre merluza y langostino llegó a niveles que llevaron a varias embarcaciones a abandonar voluntariamente el área.
“Nosotros nos corrimos porque ya había demasiada merluza. Hubo lances en los que dejó de ser una pesca de langostino con incidental y pasó a ser prácticamente una captura de merluza con algo de langostino”, afirmó uno de los patrones entrevistados.
La observación revela un punto sensible del sistema, los datos científicos requieren recepción, validación y procesamiento antes de transformarse en una recomendación, mientras la flota advierte los cambios en tiempo real. Esa diferencia entre el ritmo de la operación y el circuito técnico-administrativo puede acumular capturas incidentales durante las jornadas que median entre la detección del problema y el cierre efectivo, donde además, el departamento de bycatch no tiene la misma reaccion que el de crustáceos que vive permanentemente sobre el recurso.
Los testimonios también describen descartes de merluza que quedan fuera de los registros de desembarque. Su magnitud carece de una cuantificación oficial disponible y, por esa razón, corresponde mantenerla como una advertencia proveniente de la flota, antes que presentarla como un volumen comprobado.
Nación descarta que se haya alcanzado un límite máximo
En medio de versiones sobre un cierre próximo y cifras que circularon como supuestos topes de captura, fuentes del Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero descartaron que la pesquería haya alcanzado un límite máximo predeterminado.
El langostino argentino se administra mediante seguimiento continuo de los rendimientos, las tallas, la distribución del recurso y la captura incidental de merluza, en lugar de una cuota global anual cuya consumición produzca un cierre automático. La continuidad depende de los indicadores biológico-pesqueros observados durante la temporada, hasta tanto y en cuanto no se cuotifique la pesquería.
El último informe oficial tratado por el CFP, correspondiente al período comprendido entre el 21 de julio y el 1.º de agosto, describió un escenario favorable, con buena disponibilidad de langostino comercial. El mayor esfuerzo se concentró entonces en las subáreas 8 y 14. Las tallas L1 y L2 predominaron en las subáreas 4, 5 y 8, mientras en las subáreas 12, 14, 15 y 16 y fuera de la ZVPJM se registraron principalmente ejemplares L3, L1 y L2. El porcentaje de juveniles resultó inferior al 1% durante ese período.
La situación posterior al temporal requiere una actualización. El sector aguarda el informe técnico de la última campaña de evaluación realizada por el BIPO Víctor Angelescu y, especialmente, la interpretación del Programa Pesquería de Langostino sobre la distribución observada, la presencia de juveniles y las posibilidades de encontrar nuevas concentraciones comerciales.
Cazorla fijó la posición de la autoridad pesquera
Consultado por PESCARE, el subsecretario de Recursos Acuáticos y Pesca de la Nación y presidente del CFP, Juan Antonio López Cazorla, descartó que el calendario o las presiones sectoriales definan por sí mismos el final de la temporada.
“Mi única vara para abrir o cerrar una pesquería es la sostenibilidad y la disponibilidad del recurso en calidad y talla comercial. Mientras el INIDEP no me diga que existe merluza por encima de lo admitido, que hay langostino chico o que dejó de haber langostino comercial, pretendemos alcanzar la mayor explotación posible de los recursos vivos del Mar Argentino dentro de la sostenibilidad que determine el Instituto”, afirmó.
La posición se apoya en el artículo 1.º de la Ley Federal de Pesca N.º 24.922, que establece el máximo desarrollo de la actividad compatible con el aprovechamiento racional de los recursos vivos marinos, la promoción de su conservación a largo plazo y la continuidad del proceso productivo.
El criterio expuesto por Cazorla coloca la decisión en una secuencia precisa, el INIDEP evalúa los indicadores y recomienda; la Autoridad de Aplicación abre, suspende o cierra las áreas en función de esa información. Bajo ese esquema, la ausencia de concentraciones rentables puede retirar comercialmente a la flota antes de que exista una disposición administrativa que clausure toda la temporada. Claramente dejó fijada la postura, “el sector es muy particular, pero mi decisión es clara, quienes no quieren pescar por cuestiones que escapan a lo estrictamente biológico y productivo, que lo hagan; yo no puedo condicionar estando el recurso en condiciones de pesca, no hacerlo por una cuestión de calendario o comercial o de otra índole«. También a modo de acompañamiento al sector privado, hizo referencia a la modalidad del mercado internacional, “ mirá lo que pasó con Bentónicos, hicieron una prueba con brochettes y se los llevaron por delante. Me trajeron a mi despacho como resolver el tema con SENASA, lo hablé directo en cuatro dias aprobaron los palitos y en otros tres el producto final. Eso hay que aprovechar, dar valor agregado a la riqueza de nuestro mar, generar mano de obra, trabajo, ya no vender materia prima sino exportar tecnologia, alimento final para consumo y sobre todo exportar mano de obra y empleo argentino”; en ese aspecto fue categórico y vinculante directo a la pesquería.
El cierre también se discute fuera del caladero
La continuidad de la pesca se cruza ahora con intereses comerciales vinculados con la próxima temporada provincial de Chubut. Empresas con participación en ambas etapas comenzaron a preparar la zafra 2026-2027, cuya apertura dependerá de la presencia de langostino en condiciones comerciales dentro de las 12 millas provinciales.
Fuentes empresarias y operativas consultadas describieron gestiones favorables a concluir la temporada nacional durante agosto. Las razones exceden el estado biológico del recurso: una menor existencia en cámaras al comenzar la zafra provincial puede mejorar las condiciones de colocación y sostener los precios de la nueva producción.
Dentro de esa discusión aparecen cámaras que representan a empresas con buques congeladores, entre ellas CAPECA y CAPIP. Hasta el momento, las referencias sobre pedidos de cierre corresponden a manifestaciones y consultas recogidas en el sector. La documentación pública examinada carece de una presentación formal de esas entidades que permita atribuirles una solicitud concreta de clausura de la pesquería.
La flota de Rawson también observa el final de la etapa nacional desde su propio calendario productivo. Sus buques esperan la migración del recurso hacia aguas provinciales para iniciar una nueva temporada desde noviembre o cuando los relevamientos confirmen talla, calidad y disponibilidad suficientes.
En Mar del Plata, una parte importante de las empresas llega a agosto después de un año favorable en sus principales pesquerías. La merluza procesada a bordo encontró colocación internacional a valores informados por el sector cercanos a 4.000 dólares por tonelada, el calamar produjo capturas elevadas y precios muy rentables, y el langostino mantuvo demanda y cotizaciones sostenidas. Esa posición económica reduce la necesidad de prolongar operaciones con rendimientos inciertos y mayores riesgos.
El resultado es una discusión en la que conviven dos planos diferentes. El caladero se administra por indicadores biológicos y operativos; las empresas deciden permanecer o retirarse de acuerdo con costos, mercados, existencias y expectativas sobre la temporada siguiente.
Las subáreas 9 y 10, bajo evaluación
En las últimas horas comenzó a tomar forma una nueva prospección en las subáreas 9 y 10. La iniciativa expresa la decisión de la autoridad pesquera de agotar la búsqueda científica antes de definir cualquier decisión de cierre de la temporada. Una prospección permite establecer si existen concentraciones con rendimiento comercial, tallas adecuadas y una relación aceptable entre langostino y merluza.
Los antecedentes operativos reducen las expectativas comerciales. Capitanes que conocen la subárea 9 anticiparon dificultades por la naturaleza del fondo, con sectores de laja y piedra, y por el desplazamiento estacional de merluza hacia aguas menos profundas durante su proceso reproductivo.
La información recogida no permite anticipar el resultado, aunque sí delimita los riesgos. Una baja captura de langostino, una participación elevada de ejemplares juveniles o una incidencia significativa de merluza impedirían convertir la prospección en apertura comercial.
La subárea 10 fue recorrida recientemente durante una campaña del BIP Víctor Angelescu. Según las referencias preliminares aportadas investigadores y biólogos a bordo, allí se observó una presencia importante de langostino juvenil, con predominio de L4 y categorías menores. El informe técnico oficial de esa campaña todavía resulta necesario para confirmar la composición, distribución y magnitud observadas.
“Para la investigación, encontrar poco langostino, ejemplares chicos o mucha fauna acompañante también es información. Para un buque comercial, esos mismos resultados significan que el área carece de condiciones para trabajar”, resumió uno de los científicos a bordo de larga trayectoria sobre la especie.
Una temporada que se acerca a su límite operativo
La temporada conserva áreas abiertas y langostino comercial, pero el escenario cambió. Los grandes núcleos sostenidos cedieron lugar a concentraciones pequeñas, móviles y con rendimientos muy variables. La flota se aglomera sobre espacios reducidos, la calidad perdió uniformidad en la subárea 7 y las zonas alternativas ofrecen resultados inciertos.
La continuidad más allá del período comprendido entre el 30 de agosto y primeros días de septiembre dependerá de la detección de otra concentración capaz de sostener capturas comerciales con talla adecuada y baja incidencia de merluza. Ese horizonte surge de la lectura operativa realizada por capitanes y carece, hasta ahora, de una fecha oficial de cierre.
Desde junio, la pesquería produjo alrededor de 84.953 toneladas, al sumar los desembarques oficiales de junio y julio y una estimación preliminar de 5.000 toneladas para los primeros 2 dias de agosto. La cifra muestra la intensidad de la explotación reciente, pero por sí sola carece de efecto automático sobre la continuidad.
El final será definido por lo que encuentre la flota y confirme la investigación; disponibilidad de langostino comercial, estructura de tallas, calidad del producto, rendimientos sostenibles y una relación aceptable con la merluza acompañante. Mientras esos indicadores permanezcan dentro de los parámetros de manejo, Nación sostiene la apertura. Si las próximas prospecciones confirman juveniles, bajos rendimientos o elevada presencia de merluza, el cierre dejará de responder a presiones o calendarios y pasará a ser la consecuencia directa del estado del caladero.






