La empresa pesquera Conarpesa ratificó un plan de inversiones superior a los 8 millones de dólares en Chubut y aseguró que prevé cerrar 2026 con 2.500 trabajadores. Su presidente, Fernando Álvarez Castellano, negó versiones sobre una reducción de personal y descartó un traslado de operaciones fuera del país.
El titular de la firma confirmó que las obras proyectadas para este año permitirán incrementar la planta laboral desde los actuales 2.100 empleados hasta alcanzar unos 2.500 puestos de trabajo antes de finalizar 2026.
Las inversiones contemplan la modernización de las plantas procesadoras de Puerto Madryn y Rawson, la construcción de dos plantas desalinizadoras en ambas ciudades, un parque fotovoltaico en Puerto Madryn y la ampliación del muelle en la capital provincial.
En ese contexto, Álvarez Castellano salió al cruce de las versiones que advertían sobre una posible reducción de personal en Chubut. “Es una mentira”, afirmó, al tiempo que aseguró que “el crecimiento del empleo en Chubut está asegurado”.
El empresario remarcó además el vínculo histórico de la compañía con la provincia. “Esta provincia es mi casa, es donde empecé, donde hice todo lo que tengo y a la hora de invertir Chubut siempre será la primera”, sostuvo.
También dejó abierta la posibilidad de ampliar la presencia industrial de la empresa en la provincia. “Si existe la más mínima posibilidad de instalarnos en el parque industrial de Trelew lo vamos a hacer”, señaló.
Las declaraciones del presidente de Conarpesa se producen en medio de las discusiones generadas por inversiones vinculadas al procesamiento pesquero en Paraguay.
Álvarez Castellano explicó que la empresa WOFCO, socia estratégica de Conarpesa, efectivamente desarrolla inversiones en ese país, aunque aclaró que ese esquema no implica trasladar producción argentina ni desmantelar operaciones locales.
Según indicó, desde hace tiempo parte de la mercadería producida en Chubut ya era enviada al exterior para procesos finales, como pelado de venado o empaques de menor tamaño, algo que también ocurre en otros mercados internacionales.
“No me estoy llevando nada a ningún lado”, aseguró, y cuestionó la repercusión generada por la instalación de una planta de reproceso en Paraguay. “No sé por qué es tanta noticia si no lo fue cuando se hicieron plantas en Perú o en China”, expresó.
El empresario argumentó que ciertas etapas de procesamiento resultan inviables en Argentina por cuestiones de escala, costos laborales y limitaciones operativas. En ese sentido, explicó que el pelado de venado requiere una gran cantidad de mano de obra y capacidad industrial.
“Si todos los que nos dedicamos a la pesca hiciéramos pelado desvenado, se quedaría el 80% del langostino en el agua”, afirmó. Además, aseguró que incluso incorporando más trabajadores no tendría espacio físico ni capacidad suficiente para ampliar ese tipo de producción en las actuales instalaciones.
El titular de la firma insistió en que la empresa mantendrá y ampliará su actividad en Argentina. “Vamos a seguir haciendo colas y langostino entero y en más cantidad”, concluyó.
Columna de opinión
La trayectoria empresaria de Álvarez Castellano encuentra su principal respaldo en hechos verificables, que condicen con su palabra. Inversión sostenida, generación de empleo y presencia productiva concreta. En la Argentina pesquera reciente, pocos actores han desplegado una escala semejante de capital aplicado a buques congeladores y fresqueros, plantas manufactureras, trabajo directo y desarrollo industrial vinculado al mar. Su recorrido permite observar una línea de continuidad empresaria donde la palabra pública queda subordinada al dato central; los hechos. Inversión, producción y empleo en una actividad de alto riesgo operativo y fuerte exposición patrimonial. Quien ponga en duda esto, desconoce, -o quiere desconocer-, la actividad pesquera de los últimos 70 años.
Fue PESCARE quien puso en escena la dimensión real de la planta de Conarpesa-WOFCO en Paraguay. Esa visualización permitió ordenar el debate y quitarlo del terreno cómodo de la consigna. Algunos sectores intentaron utilizar esa información como insumo para planteos gremiales de escaso vuelo y sustento, pero el dato central permanece intacto, el eje del problema está en las condiciones estructurales que la Argentina ofrece —o deja de ofrecer— para competir, invertir y producir.
El país convive con una ecuación severa, en momentos donde toda la sociedad está haciendo un gran esfuerzo por corregir desvíos que llevaron a la República Argentina, productivamente hablando, a parangonarse con países sub saharianos y con la ausencia de una política de Estado claramente proinversión en una etapa que todavía intenta salir de años de desidia, letargo y falta de crecimiento, crédito insuficiente, tasas incompatibles con cualquier proyecto industrial de largo plazo, tipo de cambio poco competitivo, inflación en dólares, costos crecientes, conflictividad laboral, ausentismo elevado y una dirigencia gremial que, demasiadas veces, parece discutir su propia supervivencia antes que el futuro real de los trabajadores. La pesca argentina evolucionó en captura, tecnología, mercados y capacidad empresaria; esa evolución, sin embargo, no logró trasladarse con la misma potencia al salario, la estabilidad y la previsibilidad laboral.
Se necesitan más empresarios con decisión productiva, inversión sostenida y mirada de largo plazo; más dirigentes capaces de comprender que el verdadero desafío consiste en agrandar la torta para que también crezca la porción de cada trabajador, y no en disputar una porción artificialmente mayor sobre una torta cada vez más chica. Es inviable, es imposible; no se sustenta en el tiempo. Ese es el punto que algunos sectores de mirada retrógrada y de bajo vuelo todavía se resisten a admitir, cuando se desalienta la inversión, se encarece la operación, se castiga la rentabilidad y se fragmenta la actividad, el resultado es una pérdida general de escala, empleo, previsibilidad y futuro. Se achica la torta, pretender una porción más grande es romper el equilibrio de la actividad.
La pesca argentina necesita más actores como Álvarez Castellano, Antonio Solimeno, José Moscuzza, Alberto Valastro, Fernando Artigau, Guillermo Soldini, Eduardo S. González Lemmi, Domingo Contessi, José Ramaci, Oscar Sayago, Juan Taranto, Claudio Nivollet, Eduardo García, Mariano Retrivi, familia Baldino, Di Bona, Ciccolella y Romano, y tantos otros empresarios, desde las pequeñas lanchas amarillas e históricas de Mar del Plata hasta los armadores artesanales, industriales, procesadores y operadores que, desde distintos puertos y realidades productivas, sostienen la actividad con capital propio, riesgo operativo, generación de empleo y vocación de permanencia. También necesita reconocer el esfuerzo de todo el sector fresquero, procesador y manufacturero de Rawson, Puerto Madryn, Puerto Deseado, Comodoro Rivadavia, Necochea, Mar del Plata y General Lavalle, entre otros enclaves donde la pesca es una matriz concreta de trabajo, inversión, arraigo y desarrollo regional.
El camino serio pasa por expandir la capacidad productiva, abrir mercados, mejorar competitividad, modernizar flotas, fortalecer plantas, reducir costos improductivos y dar previsibilidad a quienes invierten. Solo una actividad más grande, más eficiente y más integrada puede generar mejores salarios, mayor estabilidad y más oportunidades. Pretender forzar una porción más grande sin cuidar el tamaño de la torta termina debilitando a las empresas, erosionando el empleo y empujando inversiones hacia países que ofrecen reglas más claras, costos más razonables y menor conflictividad.
La discusión de fondo debe ser planteada con crudeza y responsabilidad: el trabajador gana cuando la actividad crece, exporta, invierte y sostiene operaciones rentables en el tiempo. La rentabilidad empresaria, en una industria de capital intensivo como la pesca, es la condición que permite renovar buques, sostener plantas, garantizar seguridad operativa, cumplir compromisos comerciales, conservar empleo, proyectar nuevas inversiones y cumplir, entre el día 1 y el 10 de cada mes, con la retribución digna de cada trabajador. Sin esa base, cualquier promesa distributiva queda reducida a una pulseada de corto plazo sobre una estructura cada vez más frágil.
Por eso, frente a quienes promueven la fragmentación, la presión permanente y la disputa sobre una economía que se contrae, corresponde defender una agenda más inteligente: agrandar la torta, mejorar la competitividad y lograr que cada sector —empresas, trabajadores, puertos, proveedores y comunidades— reciba una porción mayor dentro de una actividad más fuerte. Esa es la diferencia entre administrar decadencia o construir futuro.
La discusión, entonces, exige abandonar la comodidad del señalamiento fácil. Cuando una empresa invierte fuera del país, la pregunta seria debería ser qué hizo la Argentina para que quedarse resulte menos competitivo que producir a cientos de kilómetros de los puertos argentinos. Esa es la crudeza de la nota sobre la inversión de Conarpesa-WOFCO en Paraguay. Esa es la parte que incomoda. Y esa es, también, la que debe ser discutida con datos, responsabilidad y verdadera vocación de futuro.
Opinión y arreglos por DMC






