La seguridad de un buque depende, en buena medida, de lo que ocurre antes que abandone el muelle. Con esa responsabilidad como eje, la Organización Marítima Internacional conmemora este 24 de septiembre el Día Marítimo Mundial, después de completar un ciclo de auditorías que expuso carencias técnicas y debilidades en la vigilancia y mantenimiento de las embarcaciones además de la falta de seguridad y capacitación del personal embarcado.
El examen alcanzó a 168 Estados miembros, equivalentes al 94 % de la membresía, desde que el sistema de auditorías adquirió carácter obligatorio en 2016. Sus resultados muestran que numerosos países todavía encuentran dificultades para trasladar las reglas internacionales a sus legislaciones y hacerlas cumplir.
El diagnóstico global coloca la capacidad de control en el centro de la discusión. También establece la prioridad que el secretario general del organismo, Arsenio Dominguez, expresó en su mensaje por la jornada: «La gente de mar es lo primero. Siempre».
El planteo del secretario general de la OMI sitúa a las personas como medida de la eficacia de las normas. Cada compromiso internacional recorre una cadena de responsabilidades: el Estado debe incorporarlo a su legislación y disponer de capacidad para fiscalizar; la empresa debe convertirlo en procedimientos de trabajo; la tripulación necesita formación y medios para ejecutarlos. La protección efectiva depende de que ese recorrido se complete hasta llegar a bordo.
Las auditorías permiten examinar dónde se interrumpe ese proceso. Una administración con recursos técnicos insuficientes puede encontrar dificultades para supervisar los buques bajo su responsabilidad. Esa debilidad adquiere una dimensión humana cuando afecta las condiciones en las que una tripulación enfrenta los riesgos de la navegación.
Por eso, llevar las políticas a la práctica también implica acompañar cada exigencia con capacidad para cumplirla. La tecnología modifica el trabajo; la formación, debe avanzar con ella ante la única premisa, volver a puerto sano y salvo.
La idea de Dominguez compromete tanto a quienes redactan las reglas como a quienes deben hacerlas cumplir. Su resultado se verifica en situaciones concretas: una falla identificada durante una inspección, el desconocimiento de como efectuar un abandono, como encender una bengala, qué hacer ante hechos inesperados, fortuitos y/o desafortunados, un equipo mantenido en condiciones, una emergencia para la que el personal se ha preparado. Allí, sobre una cubierta y frente a un riesgo real, una decisión institucional puede convertirse en la diferencia que permite volver a puerto. Preservar la vida humana es el apartado principal del espíritu de este día.
Del acuerdo internacional a la cubierta
El lema elegido para 2026 y 2027 propone llevar las políticas marítimas a la práctica. Su alcance comprende desde la incorporación de los convenios al derecho nacional hasta su aplicación cotidiana en las operaciones.
La decisión de sostener una misma temática durante dos años fue aprobada por el Consejo de la OMI en julio de 2025, a propuesta de Dominguez. El propósito es dar continuidad al trabajo de asistencia y formación que necesitan las administraciones para ejercer sus responsabilidades.
La distinción tiene consecuencias concretas: ratificar un convenio, incorporarlo a la legislación y verificar su cumplimiento son etapas diferentes. Cada una requiere recursos y capacidad institucional. La campaña concentra su atención en ese recorrido, del compromiso asumido por un Estado a las condiciones en las que navega una embarcación.
Tecnología que exige preparación
El programa presentado en febrero incluye la preparación del personal para nuevos combustibles y sistemas automatizados. La modernización de los buques exige actualizar la formación y los procedimientos con los que se evalúan sus riesgos.
También contempla combatir los registros fraudulentos de embarcaciones y el uso indebido de banderas, mediante mayor transparencia e intercambio de información. En los puertos, promueve integrar las ventanillas únicas marítimas a las operaciones diarias y fortalecer la gestión del riesgo informático.
La protección ambiental abarca, además de las emisiones, los plásticos, el ruido submarino y las especies invasoras. El reciclaje de buques forma parte de esa agenda.
Dominguez vinculó esta transformación con las personas que deben ejecutarla: trabajadores embarcados y portuarios, responsables de operaciones, inspectores y administraciones de bandera. La eficacia de una regla se comprueba donde se trabaja con ella.
La lectura para la pesca argentina
Para el sector pesquero de la Argentina, esta agenda ofrece un marco para examinar la relación entre inversión, formación y seguridad operacional. Su aplicación debe considerar los instrumentos y las exigencias correspondientes a cada tipo de embarcación, sin procurar el escarnio ni la infracción, sino establecer el milagro de la vida y sostenerlo en cada cubierta, puente o sala de máquinas, como premisa de cada tripulante embarcado.
Desde esa perspectiva sectorial, incorporar equipos supone también preparar a quienes los utilizan, sostener su mantenimiento y verificar su funcionamiento. Una falla durante la marea puede comprometer a la tripulación e interrumpir una operación de la que dependen empleos y compromisos comerciales en tierra.
El debate alcanza así a empresas, autoridades y centros de formación. En cada ámbito existe una responsabilidad concreta sobre las condiciones en las que se sale a trabajar al mar.
La conmemoración encuentra allí su sentido más cercano: en el equipo que responde durante una emergencia y en el tripulante que sabe utilizarlo. Es en ese momento, lejos del muelle, cuando la preparación realizada en tierra adquiere todo su valor.






