El Gobierno nacional decidió reactivar la Base Naval Integrada de Ushuaia y preparar las licitaciones para retomar los trabajos a comienzos de 2027. La obra apunta a resolver una limitación operativa del extremo austral: los grandes buques de la Armada Argentina dependen del puerto comercial para realizar sus escalas. El proyecto presentado en septiembre contempla un muelle de 585 metros, con servicios propios y habilitación por etapas.
El rompehielos ARA Almirante Irízar y el buque logístico ARA Patagonia expresan esa necesidad. Sus dimensiones exceden las posibilidades del muelle auxiliar utilizado por la fuerza, una instalación adoptada como solución transitoria durante la década de 1990. La nueva base permitiría concentrar su atención en un complejo preparado para recibirlos, suministrar combustible y sostener las operaciones hacia la Antártida y el Atlántico Sur.
Qué recursos están incorporados y cuáles dependen del Congreso
El DNU PEN Nro. 867/2026 (presupuesto año 2027), reforzó en $217.954 millones las partidas del área de Defensa. La mayor parte, $206.373 millones, fue registrada como adelantos a proveedores y contratistas de largo plazo. Otros $11.581 millones corresponden a gastos corrientes y de capital.
Ese movimiento presupuestario comprende recursos vinculados con Ushuaia y la Base Conjunta Antártica Petrel, además de necesidades operativas de las Fuerzas Armadas. Las cifras describen créditos incorporados y su clasificación presupuestaria; la contratación y ejecución de las obras constituyen las etapas siguientes.
Para continuar específicamente la base naval, el Ejecutivo proyecta más de $300.000 millones en el Presupuesto 2027, sujetos a la aprobación del Congreso. El ministro de Defensa, Carlos Presti, confirmó esa previsión durante la visita realizada el 11 de septiembre junto al canciller Pablo Quirno. El esquema anunciado contempla financiamiento del Estado argentino y licitaciones públicas para las próximas etapas.
La estimación oficial del costo total se ubica entre US$400 millones y US$500 millones. Su cumplimiento dependerá del alcance contratado, los precios adjudicados y la continuidad presupuestaria durante la construcción.
Primero las unidades menores; después, el rompehielos
El cronograma prevé completar 240 metros de muelle durante los primeros 18 meses, con los servicios necesarios para su utilización. Ese tramo permitiría trasladar las unidades menores del Área Naval Austral desde el atraque auxiliar. La construcción continuaría hasta alcanzar los 585 metros, con un plazo estimado de 30 a 36 meses.
Los obradores tendrán una función decisiva durante el invierno fueguino: sostener bajo cubierta parte de las tareas necesarias para construir el muelle. A ellos se sumarán el edificio de servicios marítimos y la urbanización del predio.
La meta es disponer del muelle completo y de las instalaciones de logística antártica durante 2029. El traslado de dependencias de la base actual comenzaría en 2028; el programa habitacional tiene previsto su inicio desde 2029. Cada componente posee su propio calendario de ejecución.
La infraestructura detrás de cada campaña
El apoyo antártico requiere espacios diferenciados para preparar y conservar las cargas. La presentación técnica incluye dos galpones de cargas generales de 887 m² cada uno, cámaras frigoríficas de aproximadamente 490 m², un galpón de grúas de 1.123 m² y tres depósitos para tambores de combustible de 728 m² cada uno. También contempla instalaciones para tubos de gas, repuestos y talleres.
La unidad de servicios marítimos proporcionará agua, electricidad y combustible, además de prestaciones de mantenimiento, balizamiento, practicaje y remolque. Para llevar las redes hasta el complejo se proyectan 2.650 metros de infraestructura.
La conexión con Petrel incorpora el componente aéreo al dispositivo de abastecimiento. Quirno explicó oficialmente que ambas bases articularán servicios públicos y privados para ampliar la oferta argentina hacia el continente antártico. El alcance económico incluye la posibilidad de atender expediciones de otros países desde instalaciones nacionales.
El punto de partida de la reactivación
La construcción comenzó a principios de 2022, con tareas encargadas a Tandanor. En abril de 2023, Defensa documentó estudios preliminares, movimientos de suelo y excavaciones para los cimientos de galpones modulares.
El último registro general de avance difundido a partir de documentación oficial fue de 9,13%. Entre los trabajos informados figura la terminación, en mayo de 2025, de las fundaciones y la platea de uno de los galpones. Ese porcentaje corresponde a un relevamiento anterior a la reactivación anunciada en septiembre.
La nueva infraestructura permitiría a Ushuaia ampliar el apoyo a la flota y prestar servicios a las expediciones antárticas. Su alcance estratégico exige una definición pública de los escenarios para los cuales se prepara esa capacidad: vigilancia y protección de los recursos del Atlántico Sur, sostenimiento de la presencia en la Antártida Argentina y respuesta ante eventuales crisis vinculadas con Malvinas, incluida una posible escalada mayor. La información presentada hasta ahora describe obras y plazos; queda por precisar cómo se integrarán en una política de Estado con consenso político, objetivos de defensa y recursos sostenidos en el tiempo. Esa definición permitirá evaluar la correspondencia entre la infraestructura proyectada, los medios navales disponibles y las misiones que deberán cumplir.






