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    Medio ambiente

    Los océanos alcanzan un récord térmico y alteran el mapa de las pesquerías

    PescarePor Pescare30 de julio de 202612 Minutos
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    La persistencia de temperaturas récord desplaza especies, altera el reclutamiento y obliga a revisar cuotas, áreas de pesca y estrategias operativas de las flotas. Por ahora, en el mar argentino el impacto parece menor.

    La temperatura media de la superficie oceánica volvió a ubicarse en niveles excepcionales durante 2026. El fenómeno ya produce consecuencias biológicas y económicas sobre pesquerías de Estados Unidos, Europa y Japón, mientras los organismos científicos avanzan hacia modelos de gestión capaces de incorporar en tiempo real los desplazamientos de biomasa, los cambios en la productividad y la formación de olas de calor marinas.

    Los datos más recientes del Servicio de Cambio Climático de Copernicus muestran que la temperatura superficial media de los océanos comprendidos entre los 60° de latitud norte y los 60° sur alcanzó 20,86 °C en junio de 2026, el valor más alto registrado para ese mes desde el comienzo de la serie ERA5 en 1979.

    La diferencia frente a junio de 2024 fue de apenas 0,01 °C, pero confirmó la persistencia del calentamiento: durante los últimos tres años, la superficie extrapolar del océano se mantuvo entre 0,35 °C y 0,73 °C por encima del promedio 1991-2020.

    La señal también aparece en registros independientes. La Agencia Meteorológica de Japón determinó que la temperatura superficial media mundial de 2025 quedó 0,34 °C sobre el promedio 1991-2020 y ocupó el tercer lugar desde 1891, detrás de 2024 y 2023. Los once años transcurridos entre 2015 y 2025 conforman los once períodos más cálidos de toda esa serie.

    La coincidencia entre sistemas de observación de Europa, Estados Unidos y Japón aporta consistencia al diagnóstico: el océano global opera sobre una base térmica más elevada, atravesada por diferencias regionales, variabilidad atmosférica y fenómenos como El Niño.

    Un tercio del océano quedó bajo olas de calor marinas

    La temperatura media global describe el estado general del sistema, aunque el impacto pesquero depende de la intensidad, profundidad, duración y ubicación de cada anomalía.

    La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos —NOAA— informó que durante junio de 2026 alrededor del 33% del océano mundial experimentó condiciones de ola de calor marina. Los principales núcleos se localizaron en el Pacífico oriental, el Mar de Japón y la extensión de la corriente de Kuroshio, el Atlántico nororiental, el Mar de Noruega, el Mediterráneo, el Mar de Tasmania y sectores dispersos del océano Austral.

    Una ola de calor marina se configura cuando la temperatura supera durante al menos cinco días consecutivos el percentil 90 correspondiente a esa región y época del año. Su existencia depende de una comparación local con el registro histórico. Un valor absoluto idéntico puede resultar normal en una cuenca y extraordinario en otra.

    La clasificación internacional divide los episodios en moderados, fuertes, severos y extremos según la magnitud con la que la temperatura supera el umbral climatológico. Esa metodología ofrece mayor precisión que la lectura aislada de la temperatura media mundial.

    El calentamiento tampoco produce una respuesta física uniforme. Algunas olas de calor aumentan la estratificación y reducen la mezcla vertical; otras se desarrollan por modificaciones de los vientos, corrientes, intercambios de calor con la atmósfera o desplazamientos de masas de agua. La alteración del afloramiento y del aporte de nutrientes debe evaluarse en cada sistema oceanográfico, especialmente en regiones como California, Perú, Chile, el noroeste africano y la plataforma patagónica.

    El impacto comienza en el alimento y llega hasta la captura

    La temperatura regula procesos esenciales en peces, crustáceos y moluscos. Influye sobre el metabolismo, la alimentación, el crecimiento, la reproducción, la supervivencia larval y la disponibilidad de oxígeno.

    Cuando el agua supera la ventana térmica de una especie, el organismo necesita más energía para sostener sus funciones. Si al mismo tiempo disminuye la calidad o disponibilidad de alimento, la reserva energética destinada al crecimiento y la reproducción se reduce.

    La modificación del plancton agrega otro riesgo. El calentamiento puede adelantar la producción de fitoplancton o zooplancton y desacoplarla del momento en que las larvas de peces comienzan a alimentarse. Ese proceso, conocido como desajuste trófico o “match-mismatch”, disminuye la supervivencia durante una etapa determinante para el reclutamiento futuro.

    Una temporada puede registrar adultos en cantidades comerciales y, al mismo tiempo, estar formando una clase anual débil. El efecto sobre la pesquería aparece después, cuando ese grupo debería incorporarse al stock explotable.

    Por esa razón, la temperatura superficial constituye un indicador relevante, aunque insuficiente por sí solo. La evaluación debe integrar temperatura de fondo, salinidad, oxígeno, clorofila, estructura del plancton, distribución de tallas y abundancia de juveniles.

    Alaska mostró cómo el calor puede cerrar una pesquería

    El caso del bacalao del Pacífico en el golfo de Alaska constituye uno de los antecedentes mejor documentados por NOAA.

    La ola de calor marina registrada entre 2014 y 2016 elevó la temperatura a través de buena parte de la columna de agua. Los estudios posteriores identificaron una combinación de mayor demanda metabólica, menor disponibilidad de presas y temperaturas de fondo desfavorables para la supervivencia de huevos.

    El relevamiento de 2017 registró una caída del 71% en la abundancia del bacalao del Pacífico frente a la campaña de 2015. La autoridad redujo 58% el límite anual de captura en 2018 y cerró durante 2020 la pesquería federal dirigida. La actividad reabrió en 2021 con un volumen limitado y el stock todavía permanecía por debajo de sus niveles anteriores.

    La pesquería tenía un valor estimado de USD 103 millones y representaba aproximadamente 29% del valor de los desembarques de peces de fondo en esa región. La anomalía térmica pasó así de una variable oceanográfica a una pérdida concreta de capturas, ingresos y actividad para la flota.

    Otro episodio ocurrió con el cangrejo de las nieves de Alaska. La pesquería cerró por primera vez en 2022 después de una caída abrupta de adultos y juveniles. NOAA vinculó el proceso principalmente con inanición y factores asociados a la ola de calor de 2018-2019.

    Ambos casos muestran una diferencia central: el recurso puede desplazarse cuando encuentra agua más fría disponible, mientras una ola de calor extensa o profunda también puede aumentar la mortalidad y reducir el reclutamiento.

    Estados Unidos incorpora pronósticos a la administración pesquera

    NOAA mantiene durante 2026 dos grandes olas de calor bajo seguimiento en el Pacífico nororiental. Una de ellas comenzó en 2025 y llegó a ocupar una superficie comparable con “The Blob”, el episodio que alteró el ecosistema entre 2013 y 2016.

    El 9 de septiembre de 2025, el Pacífico nororiental alcanzó una temperatura media de 20,6 °C, casi medio grado por encima de cualquier registro anterior para esa región. Durante 2026, las aguas de la costa occidental estadounidense permanecieron entre 1,7 °C y 2,2 °C por encima de los valores normales.

    El organismo proyecta una elevada probabilidad de continuidad de estas condiciones frente a California hasta finales de 2026. Sus modelos analizan posibles cambios sobre salmón, sardina, anchoveta, atunes, tiburones, mamíferos marinos y especies protegidas.

    La respuesta estadounidense avanza hacia las denominadas pesquerías preparadas para el clima. El modelo contempla temporadas, cuotas y límites espaciales capaces de ajustarse cuando una especie comercial o la fauna acompañante cambia su distribución.

    El objetivo operativo consiste en anticipar dónde se concentrará el recurso y dónde aumentará el riesgo de captura incidental. En flotas de alta movilidad, esa información puede reducir horas de búsqueda, consumo de combustible y exposición a cierres imprevistos.

    Alemania detectó una reorganización del Atlántico Norte

    El Instituto Thünen de Alemania publicó en enero de 2026 un análisis sobre los efectos de las grandes olas de calor en el Atlántico Norte. El trabajo encontró cambios persistentes desde 2003 en distintos niveles de la red alimentaria, desde organismos unicelulares hasta mamíferos marinos.

    La investigación identificó una sustitución progresiva de especies adaptadas a ambientes fríos por otras asociadas con aguas más cálidas. El proceso alcanzó el Atlántico subpolar, el Mar del Norte y regiones conectadas por grandes corrientes oceánicas.

    El resultado excede el desplazamiento individual de un pez. Modifica la relación entre predadores y presas, la composición de los cardúmenes y la productividad de áreas históricas de pesca.

    Para las pesquerías demersales del Mar del Norte, el calentamiento se combina con otras presiones ambientales y pesqueras. El bacalao y el arenque presentan cambios en productividad y distribución, mientras varias especies avanzan hacia mayores latitudes o aguas más profundas.

    La consecuencia comercial aparece cuando la biomasa abandona las áreas utilizadas para calcular cuotas nacionales. La población biológica se desplaza antes que los acuerdos políticos, generando diferencias entre los países que poseen derechos históricos de captura y aquellos cuyas aguas comienzan a recibir una mayor proporción del stock.

    Francia registra efectos sobre moluscos y ecosistemas costeros

    El Instituto Francés de Investigación para la Explotación del Mar —Ifremer— advirtió en julio de 2026 que las olas de calor marinas se volvieron más intensas, extensas y frecuentes sobre las costas francesas.

    Los episodios de mayo y junio elevaron el riesgo para los estadios juveniles, especialmente en ecosistemas costeros de menor profundidad. El organismo destacó alteraciones en la reproducción de ostras, pastos marinos, comunidades bentónicas y especies con escasa capacidad de desplazamiento.

    En 2025, la reproducción de ostras se adelantó bajo condiciones térmicas elevadas. Ese cambio fenológico puede modificar la disponibilidad de larvas y su coincidencia con el alimento, con efectos posteriores sobre bancos naturales y producción acuícola.

    Los bivalvos enfrentan además episodios de bajo oxígeno y proliferaciones de algas nocivas. El aumento de temperatura puede favorecer determinadas floraciones, aunque su aparición también depende de nutrientes, circulación, salinidad y condiciones meteorológicas.

    Cuando se detectan toxinas por encima de los límites sanitarios, la consecuencia inmediata es una veda de extracción y comercialización. El impacto recae sobre productores, plantas procesadoras, empleo costero y abastecimiento.

    Japón observa un calentamiento superior al promedio mundial

    La Agencia Meteorológica de Japón informó que la temperatura superficial media en las aguas que rodean al archipiélago aumentó a una tasa de 1,36 °C por siglo entre 1900 y 2025. El ritmo duplica el promedio calculado para el océano mundial, ubicado en 0,63 °C por siglo.

    Los efectos resultan visibles sobre la corriente de Kuroshio, el Mar de Japón y las aguas de Hokkaido y Tohoku. Investigaciones de la Agencia Japonesa de Ciencia y Tecnología Marina-Terrestre —JAMSTEC— vincularon las olas de calor frente a Hokkaido con cambios en la distribución y las capturas del pez limón o yellowtail, una especie asociada con aguas templadas.

    El avance de especies cálidas hacia el norte puede generar oportunidades en determinados puertos y pérdidas en otros. También modifica calendarios de pesca, infraestructura de procesamiento y disponibilidad de especies tradicionales para el mercado japonés.

    La experiencia de Japón demuestra que una redistribución de biomasa produce ganadores y perdedores dentro de un mismo país. Los puertos ubicados cerca de las nuevas áreas de concentración reciben capturas que anteriormente sostenían comunidades situadas más al sur.

    Las cuotas pierden precisión cuando el recurso cambia de lugar

    La gestión pesquera tradicional utiliza series históricas para definir áreas de pesca, temporadas, límites de captura y distribución de cuotas. El calentamiento reduce la capacidad predictiva de esos antecedentes cuando modifica la posición del frente oceánico, la profundidad de la termoclina o el hábitat térmico de una especie.

    Los principales efectos operativos son:

    • mayores distancias de navegación para encontrar concentraciones comerciales;
    • incremento de las horas de búsqueda y del consumo de combustible;
    • cambios en la profundidad y duración de los lances;
    • aumento o reducción localizada de la captura incidental;
    • concentración transitoria de biomasa en espacios reducidos;
    • ingreso de especies a nuevas jurisdicciones;
    • desacople entre cuotas históricas y distribución real del stock.

    Una concentración elevada puede producir una percepción engañosa de abundancia. Cuando el hábitat térmico disponible se comprime, una parte importante del stock queda reunida en una superficie pequeña y mejora temporalmente el rendimiento por lance. Ese resultado operativo requiere ser contrastado con campañas de evaluación, estructura de tallas y estimaciones independientes de biomasa.

    Qué significa para el Mar Argentino

    El récord global tampoco implica que todo el Mar Argentino presente una anomalía uniforme ni permite atribuir automáticamente al calentamiento cualquier cambio en langostino, merluza, calamar o especies costeras.

    La plataforma argentina se encuentra determinada por la interacción entre la corriente cálida de Brasil, la corriente fría de Malvinas, las aguas costeras, los frentes productivos y la descarga del Río de la Plata. Esa configuración genera contrastes térmicos intensos y una elevada variabilidad regional. El INIDEP monitorea temperatura, salinidad, plancton, dióxido de carbono, pH y otras variables para distinguir las oscilaciones naturales de los cambios persistentes. La Estación Permanente de Estudios Ambientales, ubicada a 27 millas náuticas de Mar del Plata, reúne una serie ecológica de más de dos décadas.

    En la Zona Común de Pesca Argentino-Uruguaya, informes del organismo ya registraron cambios de temperatura y salinidad de fondo, junto con una intrusión de aguas subtropicales coincidente con modificaciones observadas en la distribución de la merluza durante determinados períodos.

    Para el langostino, la temperatura interviene sobre reproducción, crecimiento, disponibilidad y desplazamiento, pero su evaluación exige integrar biomasa, tallas, madurez, distribución espacial y presencia de merluza juvenil. En el calamar Illex, las condiciones oceanográficas influyen sobre desove, supervivencia de paralarvas y migraciones. En ambos casos, el dato térmico complementa la evaluación biológica y carece de capacidad suficiente para reemplazarla.

    La gestión pesquera entra en una etapa de adaptación permanente

    La información reunida por NOAA, Copernicus, Ifremer, el Instituto Thünen, la Agencia Meteorológica de Japón, JAMSTEC, FAO e INIDEP converge sobre una consecuencia: las pesquerías operan en un océano cuya referencia térmica cambia con mayor velocidad.

    El impacto puede aparecer como desplazamiento de biomasa, menor reclutamiento, mortalidad, cambio de profundidad o concentración en refugios térmicos. Su expresión depende de cada especie y región.

    La respuesta requiere campañas científicas continuas, información satelital, observadores, monitoreo hidroacústico y modelos capaces de incorporar las condiciones ambientales a las evaluaciones de stock. También demanda mecanismos de gestión que permitan revisar áreas, temporadas y capturas cuando la distribución observada se aparta de los patrones históricos.

    El récord de junio de 2026 aporta una señal global. La decisión pesquera se define en otra escala: en cada stock, cada campaña y cada zona donde la temperatura modifica la presencia del recurso, el éxito del reclutamiento y el costo necesario para capturarlo.

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