PESCARE recorrió el puerto de Mar del Plata durante la madrugada en que el temporal del Sudeste puso a prueba la costa bonaerense y alteró la rutina del principal enclave pesquero del país. La escena reunía todos los signos de una noche áspera: viento sostenido, lluvia persistente, calles vacías, muelles bajo guardia y un mar elevado hasta una altura poco frecuente dentro del espejo portuario.
El fenómeno llegó asociado a un centro de baja presión que ordenó el cuadro meteorológico sobre el litoral marítimo bonaerense. El viento ingresó desde el Sudeste, con previsión de rotación hacia el Oeste durante la tarde, y empujó sobre la costa una masa de aire húmeda, intensa y persistente. La combinación fue decisiva, pleamar elevada, viento del Sur y escasa posibilidad de retroceso natural del agua.
En el puerto, ese dato dejó de ser una referencia técnica para convertirse en una imagen física. La marea alcanzó registros cercanos a los 2,80 metros. Vista desde tierra, la cifra se entendía mejor al caminar los muelles: los buques parecían más altos, más próximos, casi desplazados de su escala habitual. En la TC2, sobre el Espigón 3, entre las secciones novena y decimotercera, el mar quedó a una distancia inusualmente corta del filo. Aquello que en una jornada normal se observa desde arriba, durante la madrugada aparecía casi de frente.
El puerto permanecía cerrado por seguridad y la actividad se había reducido a lo esencial. Había pocas luces en movimiento, pocas voces y una vigilancia silenciosa, sostenida bajo la lluvia. Serenos a bordo, personal de guardia y efectivos de Prefectura Naval Argentina recorrían distintos sectores para revisar cabos, posiciones de buques, elementos sobre cubierta y condiciones generales de amarre.
La recorrida por los muelles principales mostró una preparación concreta. En varios barcos se observaron cabos nuevos, amarras de refuerzo y líneas adicionales listas para ser utilizadas. En otros, los largos de proa y popa aparecían muy exigidos por el ascenso del agua. Ese detalle resultaba revelador: cuando la marea sube con fuerza y la embarcación queda tomada con poco margen de cabo, la seguridad depende de una vigilancia minuciosa y de una corrección a tiempo.
En el Espigón 1, sobre la punta, permanecía amarrado el BP Wiron IV. El buque había debido abortar la marea tras haber zarpado el martes, ya con vientos sostenidos y pronóstico desfavorable. Su presencia en puerto, con cabos nuevos y dobles largos de proa, resumía una decisión elemental en una madrugada de riesgo, preservar la unidad, y asegurar la maniobra.
El contraste más claro apareció en el Muelle 10. Allí, el agua quedó a unos 20 centímetros de superar el nivel del tradicional sitio de amarre de embarcaciones menores a 25 metros, aunque en ese sector también operan algunas excepciones de mayor porte. El lugar permanecía iluminado y sin alteraciones visibles, con movimientos puntuales de serenos que trabajaban bajo la lluvia, asegurando amarras. Cada recorrida tenía una función, mirar el cabo, mirar el casco, mirar el agua, mirar otra vez las defensas por algún eventual toque en un muelle sobrecargado de buques, todos en puerto como consecuencia de este evento anómalo.
En la Banquina de Pescadores, la pleamar completó una postal singular. El agua se ubicaba aproximadamente 30 centímetros por encima de la banquina y una numerosa colonia de lobos marinos ocupaba desde el borde del mar hasta la calzada frente a Coomarpes. En una madrugada dominada por lluvia y viento, también ellos parecían haber tomado el espacio disponible, desplazados por la misma lógica que reorganizaba al puerto entero.
Sobre la flota menor, el viento empezaba a sentirse con mayor velocidad. Algunas embarcaciones cabeceaban y rolaban amarradas, con movimientos propios de una navegación breve. El muelle seguía siendo muelle, pero los cascos respondían como si el puerto hubiera recibido una parte del mar exterior. La quietud era apenas aparente, todo se movía in crescendo hasta su pico máximo en la madrugada.
Cerca de las 3:30, el viento alcanzó valores próximos a los 35 nudos, por debajo de los máximos previstos, aunque con intensidad suficiente para mantener la guardia activa. Luego disminuyó parcialmente en su componente sostenida, pero las ráfagas asociadas a la pleamar cerca de las 4:30 llegaron a registros cercanos a los 45 nudos. El amanecer encontró a la ciudad portuaria bajo cielo cerrado, lluvia y viento arrachado.
La radio completó el mapa de la madrugada. Alrededor de las 4:30, tres buques en rada informaron a la Costera de Mar del Plata, por canal 9 de VHF, que permanecerían “al refugio” y regresarían a zona de pesca una vez superado el evento hidrometeorológico. Desde el puente del BP Miss Tide se produjo una de las comunicaciones centrales de la noche, solicitó autorización para levar anclas y mantenerse en la rada exterior norte, entre Los Cuarteles y avenida Constitución a mas de 6 millas náuticas de la costa.
En fondeo permanecían el Capesante y el Erin Bruce II. Después de las 8:30, el capitán del Erin Bruce II informó a L2U que levaría ancla ante el garreo, con viento informado del Sur de 45 nudos, olas de 2,5 metros y barómetro en 750 milímetros de mercurio, un valor bajo que confirmaba la profundidad del sistema meteorológico sobre el área.
Sobre las primeras horas del alba, PESCARE tomó contacto con el Comité de Emergencia del Consorcio Portuario Regional Mar del Plata. El parte fue preciso por el propio presidente Lic. Marcos Gutiérrez, «el puerto cerrado durante los vientos fuertes, situación dentro de la planificación prevista y sin anomalías reportadas«. La comunicación posterior con la Costera de Mar del Plata, cerca de las 5:00, ofreció la misma lectura, guardia sin novedades y tres barcos pesqueros de porte en rada para volver, cuando el tiempo lo permita a operaciones de pesca.
El reporte incorporó, además, dos unidades al refugio sobre la costa, a una milla al Este de San Clemente del Tuyú: los BP Huafeng 881 y BP Huafeng 882. En conjunto, la información describía una madrugada marítima de baja circulación y decisiones prudentes, con prioridad puesta en la seguridad de las embarcaciones y sus tripulaciones.
Aguas afuera, en el canal 16 de VHF se registró una comunicación relevante entre buques mercantes. El granelero de bandera liberiana Ocean Freedom, que había zarpado desde rada exterior Quequén mientras esperaba turno de ingreso a ese puerto; sin carga, prefirió alejarse de la zona de mayor impacto del evento, -ubicado por las localidades de Monte Hermoso hasta Arenas Verdes, al norte de Quequén-, fue alcanzado por el buque de cargas generales Team Bravo de bandera Islas Marshall, procedente de Santiago de Chile y con destino Recalada próximo a ingresar a Montevideo.

La maniobra obligó al Team Bravo a caer por estribor al encontrarse con el Ocean Freedom realizando un giro de 180 grados para ponerse a la capa, para reanudar el derrotero al puerto de Quequén donde tiene previsto cargar cereales y oleaginosas con destino exportación. Las condiciones de mar eran pésimas con olas de 4 metros y vientos cercanos a 45 nudos, según lo informado.
El resto del perfil marítimo frente a la provincia de Buenos Aires mostró circulación reducida, con escaso movimiento de buques de gran porte (petroleros, cargo y portacontenedores). El temporal desactivo el dinamismo de la pesca argentina, salvo una docena de grandes congeladores al sur del paralelo 50°S que decidieron capear y buscar mejores condiciones de navegación sin operaciones efectivas de pesca.
La madrugada cerró con un balance serio. El evento fue y es significativo, la pleamar alcanzó niveles poco habituales y el viento obligó a extremar controles. Mar del Plata amaneció con el puerto cerrado, los muelles bajo vigilancia y la operatoria suspendida hasta mejores condiciones. La postal final fue sobria y potente, barcos amarrados como si navegaran, serenos bajo lluvia alistando detalles de amarras en paralelo a la altura del mar, Prefectura en recorrida durante toda la noche y un puerto entero sosteniendo su orden mientras el sudeste golpea la costa bonaerense.
Planificar y prevenir extreman las condiciones de seguridad. Fue una buena decisión, el ingreso a puerto de toda la flota; la seguridad del hombre de mar está muy por encima del riesgo que se asume con estas casi impredecibles condiciones.






