La paritaria de la flota fresquera de altura ingresó en una instancia de mayor movimiento político, empresarial y sindical. En Mar del Plata, referentes de las cámaras armadoras mantuvieron un encuentro con dirigentes del SOMU para avanzar sobre la actualización del salario básico y de los principales ítems fijos del convenio colectivo, en un contexto donde la proximidad de la zafra de langostino en aguas nacionales vuelve más urgente cualquier definición laboral.
La reunión dejó un dato central: las partes pasaron a un cuarto intermedio, pero el canal de diálogo quedó abierto. En un escenario atravesado por advertencias sindicales, dificultades económicas empresarias y una actividad pesquera que necesita previsibilidad para planificar mareas, el intercambio mostró señales de aproximación antes que de ruptura.
El eje de la discusión pasa por el reajuste del básico y de conceptos vinculados al alistamiento, francos compensatorios, acomodada del pescado, viáticos, comida y demás componentes fijos del convenio. Desde la representación gremial se sostiene la necesidad de recuperar poder adquisitivo, con un pedido que toma como referencia una recomposición del 15% más la actualización por IPC desde marzo, mes en el que venció el acta correspondiente al período anterior.
Del lado empresario, el planteo fue expuesto bajo una lógica distinta, aunque sin cerrar la puerta al entendimiento. Los armadores reconocen que la pérdida salarial requiere una respuesta, pero advierten que la cadena fresquera atraviesa una situación crítica, agravada por el incremento del combustible, la pérdida de rentabilidad y el deterioro de los márgenes operativos. La discusión, entonces, quedó situada en un punto sensible: recomponer ingresos sin quebrar el delicado equilibrio económico de una flota que ya opera con costos crecientes y resultados ajustados.
En representación del sindicato participaron Oscar Bravo y Damián Basail, quienes venían interviniendo en la negociación de la rama del fresco con la flota de altura marplatense. La presencia de ambos dirigentes se produjo en un marco institucional particular, debido al vencimiento de los mandatos y a la consulta previa realizada por la patronal ante la autoridad laboral para conocer el grado de representación formal en caso de alcanzarse un acuerdo.
La respuesta administrativa, según trascendió en el ámbito de la negociación, mantuvo abierto ese interrogante. Sin embargo, las cámaras decidieron preservar el canal de conversación y sostener las formas institucionales, ante la posibilidad de que una nueva prórroga de mandato restituya o prolongue la capacidad de representación gremial. Ese dato explica buena parte del clima de la reunión, prudencia jurídica, presión laboral y necesidad productiva convivieron en una misma mesa.
La previa había tenido otro componente. En la sede local del SOMU se realizó una convocatoria con afiliados donde volvió a plantearse la posibilidad de endurecer la posición si no aparece una respuesta concreta. PESCARE ya había consignado que en el muelle quedó instalada la expectativa de un eventual cese de actividades si en un plazo breve no se alcanzaba un entendimiento formal pero, por lo acontecido esa posibilidad parece diluirse afortunadamente.
Aun así, el desarrollo de la reunión permite leer un escenario menos cerrado que el que sugerían las advertencias iniciales. La amenaza de paralización funciona como herramienta de presión gremial, pero la continuidad del diálogo indica que todavía existe margen para una salida negociada donde las partes encontrarán el justo equilibrio. En el sector empresario, incluso, comenzó a tomar forma la posibilidad de un acuerdo alineado con la evolución inflacionaria, siempre que el esquema final resulte compatible con la situación real de las empresas fresqueras.
Por las cámaras participaron Diego García Luchetti, presidente de la Cámara de Armadores, y Fernando Rivera, presidente de CaIPA. Ambos transmitieron la gravedad del cuadro económico que enfrenta la actividad, con especial énfasis en el impacto del combustible sobre una estructura de costos que ya venía tensionada por precios, demanda, logística y rentabilidad. El argumento patronal apunta a que cualquier recomposición debe ser sustentable para evitar que el acuerdo salarial termine profundizando la dificultad operativa de las empresas.
La agenda continuará con nuevas reuniones gremiales. Este miércoles está prevista una instancia con referentes del SIMAPE y luego será el turno de SICONARA entre los marítimos; para después hacer lo propio con el SOIP. Ese cronograma confirma que la negociación del fresco entró en una semana decisiva, donde cada encuentro suma a ordenar el tablero desplazando incertidumbre para quienes esperan un lugar de trabajo; donde las partes con adultez y seriedad, sin dudas, encontrarán el punto de equilibrio que se desprende de una actitud política decidida por ambos frentes que no desconocen la realidad del otro.
En paralelo, el movimiento de la flota permanece condicionado por una combinación de factores. La cuestión climática, los costos de salir a zona, la necesidad de evitar días improductivos y el estado de la negociación salarial explican por qué buena parte de los fresqueros prefirió permanecer en puerto.
Como están dados los ajustados números, la paritaria pasó a incidir directamente sobre la planificación operativa de la temporada sea langostinera, merlucera o de variado costero, donde ya hay más de 15 buques parados por falta de rentabilidad en el muelle 10 de los costeros.
El eventual acuerdo también podría incorporar, llegado el momento de la firma, la adhesión al mecanismo que permite liquidar una porción de los salarios como sumas no remunerativas, bajo el marco normativo vigente, precisamente diseñado por los referentes del fresco e imitado por el sector congelador. Para las cámaras, ese instrumento, con guiño laboral pero incierto desde lo recaudatorio impositivo a futuro, aparece como una herramienta destinada a aliviar el impacto financiero inmediato en empresas que alegan balances comprometidos y dificultades objetivas para absorber incrementos plenos sobre la totalidad de las cargas.
La negociación quedó abierta. El sindicato mantiene su reclamo, las empresas exhiben sus límites y la autoridad laboral aparece como pieza necesaria para ordenar la validez formal de cualquier entendimiento. El dato político de fondo es que, pese a las advertencias de cese de actividades, las partes siguen sentadas sobre una misma mesa y exploran una fórmula posible que está al caer.
Lo mas importante del cuarto intermedio es que dio continuidad a la negociación, no clausuró la discusión y da tiempo para encontrar un camino visible. La dejó en su punto más relevante, cerca de una definición, bajo presión, pero todavía dentro del terreno institucional donde se construyen los acuerdos que permiten iniciar al trabajo con paz social para todos los actores.






