Las exportaciones de harina de pescado de Argentina alcanzaron US$ 25,57 millones durante los primeros ocho meses de 2026, frente a US$ 14,72 millones en igual período de 2025. El aumento combina mayores despachos con una mejora del valor obtenido por tonelada, en un mercado internacional afectado por la caída del abastecimiento de Perú.
Es, una industria anexa a la actividad exportadora y sostenible para las propias plantas de manufactura y procesado, necesaria por simbiosis y por transformar desechos de impacto ambiental en materia prima con proteína bruta de origen marino para base de la nutrición animal.
De acuerdo con las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) reunidas para esta nota, los envíos argentinos pasaron de 13.216 a 18.514 toneladas. La variación equivale a un crecimiento interanual del 40,1% en volumen y del 73,7% en facturación.
El valor FOB promedio ascendió de US$ 1.114 a US$ 1.381 por tonelada, una mejora del 24%. Así, la industria exportó 5.298 toneladas adicionales y sumó US$ 10,85 millones respecto de enero-agosto de 2025.
Ese promedio surge de dividir el valor declarado por el volumen exportado. Su evolución refleja el resultado conjunto de las operaciones, donde intervienen las calidades comercializadas, los destinos y las condiciones de venta. La lectura económica es concreta: cada tonelada exportada aportó, en promedio, unos US$ 267 más que un año antes.
Una oferta internacional condicionada por la anchoveta
El informe publicado el 5 de octubre por IFFO, la organización de la industria de ingredientes marinos, registró una caída interanual del 45% en la producción acumulada de harina de pescado hasta agosto dentro de los países relevados. La muestra, construida con información de sus miembros, representa aproximadamente el 40% de la producción mundial. Ese alcance delimita el significado del indicador.
Para el conjunto de 2026, la entidad proyecta una oferta global inferior a 4,6 millones de toneladas, que sería la menor desde 2016. La estimación permanece sujeta al desempeño pesquero de las últimas semanas del año. Perú, que aporta alrededor del 20% de la producción mundial de harina y aceite de pescado en un año promedio, concentra buena parte de la explicación.
La primera temporada peruana de anchoveta en la región norte-centro comenzó con una cuota de 1.914.049 toneladas, establecida a partir de las recomendaciones del Instituto del Mar del Perú (IMARPE). La autorización contemplaba el inicio de las operaciones el 9 de abril.
El 10 de junio, el Ministerio de la Producción (PRODUCE) emitió la Resolución Ministerial 00162-2026, que suspendió la actividad extractiva bajo un enfoque precautorio para proteger el reclutamiento del recurso. Posteriormente, la Resolución 00285-2026 dispuso la conclusión de la temporada.
El balance oficial permite dimensionar el recorte: la captura alcanzó apenas el 24,61% de la cuota, uno de los desempeños más bajos del período 2009-2026. Ese resultado quedó documentado en la Resolución 00323-2026, que excluyó excepcionalmente esta temporada del cálculo utilizado para reducir las participaciones de los armadores por cuotas reiteradamente subutilizadas.
La decisión de cerrar la temporada tuvo fundamentos biológicos precisos. Los resultados preliminares de la Operación EUREKA LXXVIII indicaron que los juveniles representaban el 65% de los ejemplares y el 48% del peso de la anchoveta disponible evaluada. IMARPE también advirtió condiciones cálidas anómalas, bajas reservas energéticas y reducido contenido graso. La protección de esa fracción juvenil apuntó a preservar la renovación del stock y las próximas temporadas.
Precios más altos y demanda concentrada en la acuicultura
El ajuste del abastecimiento tuvo una expresión directa en las cotizaciones. Según FAO la harina peruana de calidad super prime alcanzó US$ 2.500 por tonelada FOB en mayo de 2026, frente a unos US$ 1.400 un año antes; y hoy con demanda firme al alza. La diferencia ronda el 79%. Se trata de una referencia para una calidad específica, cuya comparación con el promedio argentino exige considerar las características de cada producto y operación.
La misma fuente identificó restricciones adicionales; Chile redujo su cuota de anchoveta para 2026 un 44%, hasta 625.000 toneladas, mientras el abastecimiento del Atlántico Norte también disminuyó. Del lado comprador, China absorbió 999.000 toneladas de harina peruana en 2025, equivalentes al 78% de sus exportaciones. Esa concentración muestra cuánto pesa la demanda asiática sobre el comercio del principal productor y proveedor mundial.
La acuicultura sostiene una parte central de este mercado a través de los alimentos balanceados. Para los productores de peces y crustáceos, el encarecimiento de los ingredientes marinos presiona el costo de las formulaciones; para las industrias proveedoras, eleva el valor comercial de la materia prima procesada.
El valor industrial de aprovechar los subproductos
La expansión argentina también pone el foco sobre el aprovechamiento del pescado después de su procesamiento. Cabezas, espinazos, vísceras y recortes pueden transformarse en materia prima para fabricar harina y aceite, mediante circuitos de conservación, recolección y elaboración adecuados transformando materia prima de desechos de las plantas procesadoras de pescado en un importante componente para la fabricación de alimentos balanceados para la nutrición animal, ademas de reducir el impacto ambiental colaborando con la economía circular.
La escala internacional de esa actividad es significativa: el 34% de la harina de pescado producida en el mundo durante 2024 provino de subproductos, según la actualización técnica de IFFO 2026. La entidad destaca que la preservación de esa materia prima y su rápida entrega a las plantas forman parte del proceso de valorización.
Para la cadena pesquera argentina, este contexto refuerza el interés económico de recuperar y procesar los subproductos generados por las capturas destinadas al consumo humano. Su aprovechamiento permite obtener un ingrediente comercial adicional de la misma materia prima y vincular la actividad industrial con la demanda de alimentación animal.
Valuadas al promedio por tonelada de 2025, las exportaciones argentinas de enero a agosto de 2026 habrían sumado US$ 20,62 millones. La mejora del valor unitario explica los US$ 4,95 millones restantes de la facturación.






