La presencia empresaria argentina en la Seafood Expo Global tuvo este año, -al igual que el pasado 2025-, un eje preciso y dominante: los costos de la actividad productiva pesquera de la flota congeladora tangonera y la necesidad de llegar con una posición coordinada a la primera audiencia paritaria con el Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (SOMU) ante la Secretaría de Trabajo.
En Barcelona, representantes de empresas del sector y directivos de sus casas matrices se reunieron ayer para unificar criterio en torno de la negociación salarial de la flota tangonera, en una instancia que también incluyó el arranque de temporada, las condiciones de liquidación y la estrategia comercial asociada al valor del langostino.
Esa reunión funcionó como un espacio de ordenamiento interno. Las cámaras buscaron establecer una referencia común frente a un escenario condicionado por costos crecientes, fuerte sensibilidad sobre el precio internacional y la necesidad de evitar que la campaña se abra sin un marco mínimo de previsibilidad. El objetivo empresario pasó por sostener una ecuación que preserve actividad, permita navegar con reglas más claras y evite que la negociación vuelva a derivar en una secuencia larga de incertidumbre.
Dentro de esa conversación apareció una señal relevante. Entre algunos referentes del sector, entre los que se encontraba el CPN Mariano Pérez, hoy afincado en España, referente externo del Grupo Newsan y voz de peso entre cámaras del sector congelador, comenzó a afirmarse la idea de que la temporada exige una administración más cuidadosa de las capturas y de la oferta comercial, con mayor atención sobre el precio, la rentabilidad y la calidad del negocio. Ese enfoque sugiere un cambio de mirada en una actividad acostumbrada durante años a medir éxito en volumen antes que en valor. En la discusión previa a la audiencia, esa perspectiva empezó a ganar entidad como parte de una lógica más selectiva para ordenar mercado y remuneraciones.
Uno de los protagonistas del encuentro fue Agustín de la Fuente, presidente de CAPIP y negociador en esta paritaria. Su planteo estuvo orientado a construir una escala de liquidación capaz de contemplar escenarios diferentes dentro de una misma temporada. La propuesta empresaria procura ofrecer mayor claridad operativa a bordo y, al mismo tiempo, absorber la volatilidad que hoy atraviesa a toda la actividad. La previsibilidad apareció así como el bien más buscado por un empresariado que llega al inicio de campaña con márgenes estrechos y escaso espacio para errores.
Esa necesidad de ordenar la coyuntura local coincidió, además, con un contexto internacional particularmente exigente. La organización Seafood Europe, que reúne a unas 3.900 empresas, advirtió en estas horas sobre el aumento de los costos operativos impulsado por el encarecimiento del combustible, los problemas logísticos y la mayor carga administrativa que recae sobre la industria. El diagnóstico ofrece una clave útil para leer también la situación argentina: el gasoil presiona sobre la rentabilidad de la flota, mientras el resto de la cadena absorbe subas en energía, procesamiento, transporte, empaque y exigencias de trazabilidad y certificación.
En Barcelona, sin embargo, esa preocupación por los costos convivió con una agenda internacional de mayor amplitud. La feria mostró a otras delegaciones empresarias trabajando sobre acuerdos de financiamiento, modernización de flota, eficiencia energética, acceso a materia prima, sostenibilidad de los recursos de origen marino, packaging, tecnología, posicionamiento institucional y adaptación a mercados de consumo cada vez más refinados. La renovación del acuerdo entre Cepesca y Abanca, orientado a respaldar inversiones y sostenibilidad en la pesca española, ofreció una de las imágenes más claras de ese movimiento: la integración entre banca especializada y actividad pesquera empieza a ocupar un lugar central en la competitividad de largo plazo.
La exposición también confirmó que el negocio global de pescados y mariscos se mueve cada vez más alrededor de una estructura industrial y comercial compleja, donde pesan tanto la captura como la forma de financiarla, procesarla, presentarla y venderla. Empresas de empaque, conservación, logística, innovación acuícola y desarrollo de producto ganaron protagonismo en una feria atravesada por una demanda mundial que exige calidad, practicidad, seguridad alimentaria y valor agregado.
En ese paisaje, la delegación argentina dejó una impresión tan clara como sobria. Su paso por Barcelona está concentrado, ante todo, en la administración de una urgencia legítima, la paritaria, las condiciones de salida de la flota y el equilibrio económico inmediato de la temporada. Otras delegaciones desplegaron una agenda apoyada en herramientas financieras, acuerdos de escala, vínculos con grandes actores institucionales y construcción de mercado. La diferencia quedó sugerida en el tipo de conversaciones que cada uno fue a sostener.
Esa distancia de agenda no invalida la prioridad argentina; la vuelve más elocuente. La pesca local sigue obligada a resolver primero lo inmediato, mientras en otros tramos del negocio mundial la discusión ya avanza sobre la arquitectura futura y estratégica del sector. Barcelona mostró, con discreción, que una parte de la industria global debate horizontes y grandes lineas estratégicas de extraccion, industrializacion, financiacion y comercializacion internacional, mientras las Cámaras argentinas todavía dedican buena parte de su agenda a negociaciones de índole salarial.
La reunión empresaria celebrada en la feria dejó, por eso, una señal más profunda que la simple coordinación previa a una audiencia con el gremio. La campaña 2026 empieza bajo el signo de la disciplina interna y de la necesidad de ordenar costos, salarios y estrategia comercial. El escalón que todavía permanece fuera del alcance argentino —por exigencia estructural, por carencia de aptitud estratégica acumulada y por una postergación que ya lleva años— es el que conduce hacia el verdadero centro de gravedad del negocio pesquero contemporáneo: el financiamiento internacional, la tecnología, la comercialización, el empaque, la trazabilidad y la construcción de demanda. Allí se decide hoy la porción más alta del valor, un territorio que sigue mayormente en manos de intereses foráneos dentro de un mercado mundial cada vez más selectivo, sofisticado y exigente.
El escalón que todavía permanece fuera del alcance argentino —por exigencia estructural, por carencia de aptitud estratégica acumulada y por una postergación que ya lleva años— es el que conduce hacia el verdadero centro de gravedad del negocio pesquero contemporáneo: el financiamiento internacional, la tecnología, la comercialización, el empaque, la trazabilidad y la construcción de demanda. Allí se decide hoy la porción más alta del valor del negocio pesquero, un territorio que sigue mayormente en manos de intereses foráneos dentro de un mercado mundial cada vez más selectivo, sofisticado y exigente. Por el momento… utopía en estado puro.






