A cinco meses del inicio de la aplicación provisional del acuerdo Mercosur-Unión Europea, la industria pesquera argentina comienza a evaluar sus efectos sobre las exportaciones. La evolución de la demanda de merluza y las condiciones comerciales del langostino aparecen entre los principales aspectos destacados por el sector empresario, en un contexto de mayor intercambio con el mercado europeo.
El análisis surgió de una reunión por videoconferencia entre el embajador argentino ante Bélgica y la Unión Europea, Fernando Iglesias, y el presidente de la Cámara de Armadores de Pesqueros y Congeladores de la Argentina (CAPeCA), Eduardo Boiero, cuyos resultados fueron difundidos por el diplomático a través de su cuenta en la red social X.
Durante el encuentro, Boiero señaló que las ventas argentinas de merluza al mercado europeo registraron un incremento del 10%, favorecidas por una menor disponibilidad de pesca blanca en Europa. Esta situación permitió ampliar el abastecimiento con producto argentino, en un mercado que constituye uno de los principales destinos internacionales de la especie.
En cuanto al langostino, el representante empresario destacó que el acuerdo contribuyó a sostener los precios de exportación, un aspecto especialmente relevante para una actividad expuesta a las variaciones de los valores internacionales y a los costos de producción.
La evaluación de CAPeCA se produce en un escenario de crecimiento de las exportaciones argentinas hacia la Unión Europea.
De acuerdo con información difundida por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca el 1 de octubre, las ventas del complejo pesquero argentino al bloque europeo registraron un incremento del 93% en valor entre mayo y agosto de 2026, respecto del promedio correspondiente al mismo período de los tres años anteriores.
El dato ubica a la pesca entre los sectores agroindustriales con mayor crecimiento en sus exportaciones hacia ese destino durante los primeros meses de aplicación provisional del acuerdo.
La evolución comercial responde a distintas variables, entre ellas la demanda internacional, la disponibilidad de productos y las condiciones de acceso a los mercados. En el caso de la merluza, la menor oferta europea de pesca blanca aparece como uno de los factores que favorecieron las colocaciones argentinas.
La aplicación provisional del acuerdo, iniciada el 1 de mayo de 2026, incorpora un esquema de reducción arancelaria para el comercio entre ambos bloques, con plazos y condiciones diferenciados según los productos.
Para la industria pesquera argentina, el acceso al mercado europeo constituye un factor estratégico, particularmente por la participación que tienen la merluza y el langostino en las exportaciones nacionales.
Durante la reunión también se destacó la importancia de las campañas de promoción comercial impulsadas por el sector empresario, orientadas a consolidar la presencia de los productos argentinos en los mercados internacionales y desarrollar nuevos destinos.
El discurso del quebranto generalizado (columna de opinión)
De los resultados difundidos, se desprende un escenario comercial favorable, —al menos— así lo dejó por escrito el embajador Iglesias.

Ese cuadro adquiere además una relevancia particular frente al discurso que una parte de la representación empresaria viene sosteniendo públicamente sobre la situación de la actividad desde Mar del Plata, cuando justamente el sector beneficiado es el merlucero exportador. El crecimiento de las ventas, la mejora en las condiciones de acceso al principal mercado europeo y el sostenimiento de los valores del langostino incorporan variables concretas que también deben formar parte de cualquier diagnóstico económico de «la pesca».
Si aumentan las colocaciones, mejora el acceso arancelario y determinados productos encuentran mejores condiciones comerciales y precios, corresponde explicar también cómo evolucionan los ingresos, los márgenes y la rentabilidad de cada segmento. Presentar únicamente impuestos, salarios, combustible y cargas como fotografía completa de la actividad termina construyendo un balance donde todos los números adversos aparecen en primer plano y cualquier mejora comercial queda convenientemente fuera de cuadro; algo bastante común en el entramado pesquero-exportador de Mar del Plata.
Esa omisión adquiere mayor peso cuando el diagnóstico se utiliza para reclamar reducciones impositivas o beneficios públicos en nombre de toda la actividad, aun de quienes jamás conocieron una exportación y son parte del ajuste de costos en la cadena productiva. Una crisis sectorial conviene demostrarla con cuentas completas, no seleccionando solamente la columna que justifica el reclamo. Defender intereses empresarios forma parte legítima de cualquier representación empresaria; convertir cada coyuntura en una sucesión permanente de quebrantos mientras los propios datos a la vista pública muestran crecimiento de descargas, mercados que crecen, precios sostenidos y en alza, que encuentran respaldo y condiciones comerciales que mejoran; termina debilitando la consistencia del argumento para quienes realmente están ajustados; más cuando la primer partida con merluza congelada a bordo a 4.000 U$S/Tn precisamente partió desde esta ciudad.
Los resultados conocidos hasta ahora muestran un escenario comercial más favorable para productos centrales de la actividad; y bienvenido sea..!, para eso se invierte y trabaja. La evolución de los próximos meses será como trasladar la mejoría a todos los eslabones y participantes de la cadena productiva.
Por Lalo Marziotta






