El fuerte incremento de los precios internacionales de la harina y el aceite de pescado está impulsando cambios en la industria acuícola, particularmente en la elaboración de alimentos balanceados para camarón y peces de cultivo. Frente al encarecimiento de estos ingredientes, los fabricantes buscan alternativas nutricionales que permitan contener los costos y sostener la eficiencia productiva.
La problemática adquirió relevancia durante AQUAEXPO International 2026, celebrada esta semana en Guayaquil, Ecuador, donde especialistas y representantes de la industria analizaron las consecuencias de la menor disponibilidad de materias primas marinas.
Según datos del Banco Mundial, la harina de pescado alcanzó los 2.916 dólares por tonelada en septiembre de 2026, frente a los 1.769 dólares del mismo mes de 2025, un incremento cercano al 65% interanual. El aceite de pescado también registró fuertes aumentos: de acuerdo con la FAO, su cotización de referencia llegó a 4.100 dólares por tonelada en mayo, con una suba interanual del 64%.
La principal explicación se encuentra en la reducción del abastecimiento de especies pelágicas, especialmente la anchoveta. En Perú, principal productor mundial de harina de pescado, la primera temporada de 2026 concluyó con capturas equivalentes a apenas el 24,61% de la cuota autorizada, mientras Chile redujo un 44% su cuota de anchoveta, hasta 625.000 toneladas.
A estas restricciones se agregan las anomalías oceanográficas y las previsiones asociadas al fenómeno de El Niño, cuyos efectos sobre la distribución y abundancia de la anchoveta pueden comprometer nuevas temporadas de pesca.

Argentina ya registra el impacto comercial
La situación internacional confirma la tendencia que PESCARE anticipó el 13 de octubre al informar que las exportaciones argentinas de harina de pescado habían crecido 73,7% en dólares entre enero y agosto de 2026.
Según las estadísticas del INDEC, los embarques alcanzaron 18.514 toneladas por 25,57 millones de dólares, mientras el valor FOB promedio aumentó 24%, hasta 1.381 dólares por tonelada. La menor oferta mundial está favoreciendo la valorización de un producto obtenido en buena medida del aprovechamiento industrial de subproductos pesqueros.
La acuicultura busca reemplazar ingredientes marinos
Frente al encarecimiento de las materias primas, la industria profundiza las investigaciones sobre proteínas alternativas y aceites derivados de microalgas, capaces de aportar nutrientes esenciales y reducir la dependencia de los recursos pesqueros.
Durante AQUAEXPO se presentaron formulaciones que permiten reemplazar más del 50% del aceite de pescado en determinadas dietas mediante ingredientes derivados de algas. Su incorporación comercial dependerá del rendimiento nutricional, la disponibilidad y el costo de producción de estos sustitutos.
El problema resulta especialmente sensible para el camarón y la tilapia de cultivo, cuyos costos de alimentación pueden trasladarse parcialmente a los precios finales. Esa circunstancia abre oportunidades comerciales para especies salvajes competidoras, particularmente la merluza y el langostino argentinos.
La merluza común (Merluccius hubbsi) concentra las señales más concretas de recuperación. Desde marzo, en un escenario internacional marcado por mayores costos energéticos y expectativas de restricciones en el abastecimiento de ingredientes acuícolas, aumentaron los pedidos externos. PESCARE documentó operaciones de filete elaborado y congelado a bordo de buques marplatenses por hasta 4.000 dólares la tonelada, con demanda sostenida desde mercados europeos.
En el muelle marplatense, la materia prima se negocia alrededor de $1.400 por kilo con hasta 4 mareas al mes; frente a los aproximadamente $700 registrados a mediado de mayo. Esa recuperación mejora los ingresos de primera venta, pero encarece el abastecimiento de las plantas destinadas al mercado interno, donde el debilitamiento del poder adquisitivo y los hábitos de consumo limitan el traslado de precios.
Ante la próxima temporada de langostino salvaje patagónico en aguas provinciales, el encarecimiento del camarón de cultivo también alimenta expectativas de mejores condiciones comerciales, sujetas a la evolución de la demanda y las cotizaciones internacionales.
La capacidad de la acuicultura para sustituir ingredientes marinos determinará cuánto tiempo persistirá esta presión sobre sus costos y qué oportunidades podrán aprovechar las especies de captura salvaje.






