El acuerdo informal alcanzado entre el Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (SOMU) y las cámaras empresarias de la flota congeladora no solo abrió una instancia de definición en la negociación paritaria, sino también un nuevo frente de tensión dentro del propio gremio. Se prorrogó para hoy la firma definitiva del acuerdo.
Asimismo, en las últimas horas, comenzaron a surgir expresiones de rechazo desde distintas bases, con cuestionamientos tanto al contenido del entendimiento como a la forma en que fue conducido el proceso. El foco de las críticas apunta principalmente al esquema acordado, que implica una modificación en la estructura salarial y una adecuación de los valores de producción respecto de temporadas anteriores.
Uno de los pronunciamientos más duros provino desde la seccional Corrientes, donde se difundió un comunicado en el que se plantea que la jurisdicción fue excluida de la negociación y se cuestiona la legitimidad del acuerdo. En el texto, se advierte además que el entendimiento implicaría una reducción en los ingresos de los trabajadores y se reclama la convocatoria a una instancia más amplia de discusión.
El documento también apunta a la conducción nacional del sindicato, al señalar que las decisiones se estarían tomando sin el consenso necesario y a espaldas de una parte de los afiliados. En ese marco, desde esa seccional adelantaron que analizarán posibles acciones para revisar lo actuado.
El malestar no se limita a un único sector. Entre trabajadores vinculados a la actividad, especialmente en puertos patagónicos como Puerto Deseado, Caleta Paula y Puerto Madryn, también comienza a evidenciarse un clima de incomodidad frente a un acuerdo que aparece como necesario para reactivar la actividad, pero que al mismo tiempo genera dudas sobre su impacto en los ingresos y sobre todo el manejo político que hace el gremio para la continuidad y prorroga consecutiva de mandatos, ya vencidos desde el 01 de enero de este año.
En paralelo, algunos marineros valoran la posibilidad de que el conflicto encuentre una salida que permita retomar la operatoria, en un contexto donde la paralización de la flota impacta directamente en la economía cotidiana de las tripulaciones. Sin embargo, esa necesidad convive con cuestionamientos sobre los términos en los que se cerró el entendimiento.
En este contexto, el acuerdo avanza hacia su formalización en medio de disputas internas. Según lo previsto, hoy martes 5 se concretaría la firma entre el SOMU y las cámaras empresarias representativas del sector congelador tangonero, luego que la instancia inicialmente prevista para ayer lunes fuera postergada desde el sector sindical, aunque referentes del sector, descuentan un inminente acuerdo.
El capítulo que vuelve a abrirse deja, además, una señal más profunda para toda la cadena langostinera. La negociación paritaria se ha convertido, año tras año, en un tránsito desgastante, costoso y cada vez más persistente, casi como una posición que debe conquistarse antes de que la flota pueda volver a trabajar. El tiempo consumido, los traslados, las preocupaciones de ambas partes, la erosión institucional de gremios y cámaras, y la energía aplicada a destrabar lo urgente podrían orientarse, con otra lógica sectorial, a construir oportunidades de mayor alcance, innovación laboral, mejora productiva, competitividad, mejores condiciones de empleo y estándares capaces de colocar a la mano de obra argentina en el nivel de las mejores prácticas internacionales.
Allí aparece una discusión que el sector conoce, aunque rara vez se formula con plena sinceridad pública, hoy, las cámaras alineadas buscan limitar de manera definitiva la pesca de langostino fuera de la Zona de Veda Permanente de Juveniles de Merluza, especialmente entre marzo y junio, período en el que el recurso presenta condiciones comerciales favorables por talla, maduración y disponibilidad, pero también incide, desplaza y condiciona precios y demanda sobre los stocks provenientes de aguas provinciales de Chubut.
En los últimos dos años, las negociaciones demoradas terminaron coincidiendo con esa ventana espacial y temporal, y ese dato, por su repetición, ya forma parte del mapa real de poder que ordena la temporada. Si esa misma capacidad de presión, cálculo y organización se aplicara a una agenda de futuro, la Argentina podría intentar marcas productivas, laborales y comerciales que la cadena langostinera todavía mantiene pendientes.
En paralelo, desde el sector empresario ya se elevaron pedidos para ordenar el inicio de la actividad. Entre ellos, se solicitó fijar la habilitación de una prospección comercial dentro de la Zona de Veda Permanente de Juveniles de Merluza a partir de esa misma fecha, en línea con la necesidad de generar condiciones para una reactivación progresiva de la flota cuando en los mercados internacionales se testeó interés de la demanda en el producto salvaje y natural argentino.






