La acuicultura enfrenta uno de los mayores desafíos de su historia, aumentar la producción para abastecer una demanda mundial de productos acuáticos en constante crecimiento sin profundizar el impacto sobre los recursos naturales.
Durante décadas, gran parte de la producción acuícola se desarrolló mediante sistemas abiertos o de flujo continuo, donde el agua ingresa a los estanques o tanques de cultivo y luego es devuelta al ambiente transportando restos de alimento, materia orgánica y nutrientes. Si bien estos modelos continúan siendo predominantes en gran parte del mundo, la presión sobre el recurso hídrico, las exigencias ambientales y la necesidad de producir de manera más eficiente impulsaron el desarrollo de una alternativa tecnológica que hoy gana protagonismo: los Sistemas de Acuicultura en Recirculación, conocidos internacionalmente como RAS (Recirculating Aquaculture Systems).
Lejos de constituir una innovación experimental, estos sistemas acumulan décadas de aplicación en distintos países y se consolidan entre los modelos con mayor proyección para la acuicultura intensiva. En los establecimientos de ciclo cerrado, la calidad del agua determina de manera directa la sanidad, el crecimiento, la supervivencia y el rendimiento productivo de la especie cultivada. La eficiencia comienza en el ambiente: cualquier deficiencia en sus condiciones compromete el desarrollo desde los huevos y embriones hasta los alevinos y juveniles, y termina reflejándose en la calidad del producto final.
Un reciente trabajo publicado en la revista científica Water destaca que estas instalaciones son capaces de reutilizar más del 95% del agua empleada durante el proceso productivo, reduciendo significativamente el consumo hídrico y la descarga de efluentes al ambiente, al tiempo que permiten mantener condiciones de cultivo estables durante todo el año en un medio ambiente puro, controlado y oxigenado que después se nota en la calidad del producto terminado, sean pescados y mariscos o la generación genética de futuros reproductores y madres.
Uno de los ejemplos más representativos es Aqua LVD, establecimiento ubicado en La Ballenera, partido de General Alvarado, donde la tecnología de recirculación constituye el eje de todo el proceso productivo. Allí, el agua extraída de un acuífero profundo atraviesa sucesivas etapas de biofiltración, esterilización, acondicionamiento y oxigenación antes de regresar nuevamente a los tanques de cultivo, permitiendo mantener condiciones controladas durante todo el año y reduciendo al mínimo el consumo del recurso.
La diferencia respecto de los sistemas tradicionales radica en un concepto simple, aunque técnicamente complejo: el agua deja de utilizarse una sola vez para convertirse en un recurso que circula permanentemente dentro de un circuito cerrado.
Cada litro que abandona los tanques inicia un proceso de tratamiento antes de regresar nuevamente al reservorio y desde este, a los estanques de cría de peces. Durante ese recorrido se eliminan los sólidos en suspensión, se degradan biológicamente los compuestos nitrogenados generados por el metabolismo de los animales, se controla la concentración de oxígeno, se reduce el dióxido de carbono, se esteriliza mediante luz ultravioleta y se ajustan parámetros como la temperatura y el pH. Solo después de completar ese circuito el agua vuelve al sistema de cultivo.
Gracias a ese proceso continuo, los RAS pueden funcionar reemplazando únicamente una pequeña fracción del volumen total de agua cada día para compensar pérdidas inevitables derivadas de la evaporación y la extracción de lodos.
Más allá del ahorro hídrico, la principal fortaleza de estos sistemas reside en el control prácticamente absoluto de las condiciones de producción.
Temperatura, oxígeno disuelto, amonio, nitritos, sólidos en suspensión, iluminación y alimentación pueden mantenerse dentro de rangos óptimos durante todo el ciclo productivo, independientemente de las condiciones climáticas exteriores. Esa estabilidad reduce el estrés de los peces, mejora el crecimiento, optimiza la conversión alimenticia y disminuye el riesgo sanitario.
El aislamiento respecto del ambiente también constituye una ventaja importante desde el punto de vista de la bioseguridad. Al reducir el ingreso de patógenos externos, disminuye la necesidad de tratamientos terapéuticos y facilita la producción bajo estrictos protocolos sanitarios, un aspecto especialmente relevante para establecimientos dedicados a la reproducción y producción genética.
Precisamente esa combinación entre eficiencia productiva y menor impacto ambiental explica por qué numerosos países consideran al RAS como una de las principales herramientas para el desarrollo de una acuicultura sostenible.
Sin embargo, la tecnología también presenta desafíos significativos.
La construcción de un establecimiento de estas características requiere inversiones considerablemente superiores a las de un sistema convencional. Bombas, biofiltros, sistemas de oxigenación, esterilización, sensores, automatización y equipos de respaldo demandan una infraestructura compleja que debe operar de forma ininterrumpida.
El consumo energético constituye otro de los principales condicionantes económicos. Mantener en funcionamiento permanente los equipos de bombeo, aireación, filtrado y control ambiental representa uno de los mayores costos operativos de cualquier instalación RAS. A ello se suma la necesidad de contar con personal altamente capacitado, ya que el éxito del sistema depende tanto de la ingeniería como del manejo biológico de los cultivos.
Mientras países como Estados Unidos, Noruega, Dinamarca, China y varias naciones asiáticas continúan ampliando sus inversiones en este tipo de instalaciones, en Argentina la adopción de sistemas RAS todavía es limitada.
Aun así, el contexto internacional muestra una tendencia cada vez más clara. El crecimiento de la demanda mundial de alimentos, la presión sobre los recursos hídricos, las exigencias ambientales y los avances en automatización, inteligencia artificial están impulsando una nueva generación de sistemas RAS capaces de optimizar de manera permanente la calidad del agua, la alimentación y el bienestar de los peces mediante el análisis continuo de datos.
En ese escenario, la acuicultura en recirculación deja de ser únicamente una alternativa tecnológica para convertirse en una herramienta estratégica. No reemplazará por completo a los sistemas tradicionales, pero todo indica que ocupará un lugar cada vez más importante en la producción de alimentos acuáticos.
Para Argentina, donde la actividad aún posee un amplio margen de crecimiento, experiencias como Aqua LVD muestran que el camino ya comenzó. El desafío ahora será transformar esa experiencia en un modelo replicable que permita combinar innovación, eficiencia productiva y sostenibilidad ambiental en una acuicultura preparada para las demandas del futuro.






