Las autoridades británicas que ejercen la administración de facto sobre las Islas Malvinas abrieron una consulta pública para decidir si habilitan la salmonicultura marina a gran escala. La actividad incorporaría jaulas de cultivo, criaderos terrestres, embarcaciones de apoyo e infraestructura logística permanente en el archipiélago.
El proceso comenzó formalmente el 7 de agosto de 2026 y permanecerá abierto hasta el 30 de octubre. Las respuestas serán incorporadas a un informe destinado al Consejo Ejecutivo, que deberá resolver si admite la actividad, qué escala productiva considera apropiada y bajo qué condiciones ambientales, sanitarias y regulatorias podría desarrollarse.
La información consta en el documento oficial de la consulta, publicado por el Departamento de Recursos Naturales de la administración británica.
La consulta constituye una instancia previa a cualquier autorización comercial. Su objeto es conocer la posición de la comunidad sobre la posibilidad de incorporar la producción de salmón en el mar como una nueva industria. Una resolución favorable obligaría posteriormente a elaborar un régimen jurídico específico y evaluar cada emprendimiento mediante estudios ambientales y socioeconómicos particulares.
El lector de PESCARE siguió el desarrollo del proyecto desde sus primeras etapas. En mayo de 2025 se informó que la población de las Islas Malvinas evaluaba permitir la salmonicultura a gran escala. En agosto se publicaron los detalles conocidos sobre la cría comercial de salmones en las islas y, en octubre, se abordaron las posiciones contrapuestas surgidas entre los pobladores.
La apertura formal de la consulta transforma aquel debate preliminar en un proceso institucional con capacidad para desembocar en una decisión regulatoria.
Un proyecto de 50.000 toneladas por año
El paquete de información incorporado a la consulta incluye, como caso de referencia, el proyecto presentado por Unity Marine Limited, una sociedad integrada por la pesquera isleña Fortuna Limited y la empresa danesa F-Land ApS.
La versión 2.1 del plan propone alcanzar una producción de 50.000 toneladas anuales de salmón del Atlántico, una escala que convertiría al archipiélago en un nuevo centro salmonicultor dentro del Atlántico Sur.
El diseño comprende 16 sitios marinos rotativos alrededor de la isla Soledad, de los cuales aproximadamente 12 podrían permanecer en producción simultánea. Cada centro tendría alrededor de diez jaulas circulares, acompañadas por barcazas de alimentación, embarcaciones de servicio y sistemas destinados a reducir la interacción con depredadores.
También se proyectan dos establecimientos terrestres para producir smolts, la etapa juvenil del salmón anterior a su traslado al mar. Las instalaciones fueron previstas en Mare Harbour y New Haven.
Unity Marine indicó que examinó aproximadamente 30 posibles ubicaciones y seleccionó 16 para el diseño inicial. La empresa considera que las temperaturas, las profundidades, las corrientes y la configuración de las costas ofrecen condiciones aptas para el cultivo.
El cronograma empresarial proyecta el comienzo de las obras durante 2027, el inicio del ciclo productivo en 2028 y la primera cosecha en 2031. La escala estable de 50.000 toneladas podría alcanzarse entre 2032 y 2036, según la velocidad con la que se incorporen los distintos centros.
El proyecto completo de Unity Marine forma parte del material puesto a disposición durante la consulta. Las autoridades británicas aclaran que el proceso analiza la salmonicultura como actividad general. El plan empresarial permite dimensionar cómo podría funcionar un emprendimiento de gran escala, aunque su incorporación al expediente representa una referencia y no una autorización anticipada.
Facturación estimada en £324 millones
Para medir las posibles consecuencias económicas, la administración británica encargó una evaluación independiente a la consultora Hatch.
En el escenario de 50.000 toneladas anuales, el estudio calcula una facturación cercana a £324 millones por año durante la etapa de plena producción. El modelo proyecta ganancias empresariales por aproximadamente £76,1 millones, sobre la base de un margen bruto del 23,5 % y un precio del salmón de £6,48 por kilogramo.
La contribución sobre el producto interno bruto podría alcanzar £81 millones anuales cuando la actividad opere a máxima escala. Para el período completo de 15 años analizado, el impacto acumulado fue estimado en £891 millones.
En materia tributaria, el informe proyecta alrededor de £19,8 millones anuales en impuesto corporativo durante la fase de mayor producción. También analiza posibles ingresos mediante impuestos sobre las cosechas, regalías y tributos derivados de los salarios.
Las cifras representan escenarios elaborados sobre supuestos de precios, rentabilidad, costos y volúmenes. El propio documento identifica diferencias entre sus cálculos y los presentados por Unity Marine.
La empresa estimó un impacto sobre el PIB superior a £140 millones anuales, mientras que Hatch lo calculó en £81 millones. La diferencia surge principalmente de los precios tomados como referencia, los márgenes de ganancia y la metodología utilizada para medir el valor económico generado.
El informe socioeconómico oficial advierte que el resultado efectivo dependerá del precio internacional del salmón, la estructura tributaria, los costos logísticos y la proporción del procesamiento realizada dentro de las islas.
Empleo y demanda de infraestructura
El escenario de 50.000 toneladas contempla hasta 216 empleos equivalentes a tiempo completo durante la etapa de mayor desarrollo. Una vez alcanzada la plena producción, la actividad sostendría un promedio cercano a 189 puestos.
El tamaño reducido del mercado laboral isleño requeriría incorporar trabajadores extranjeros, técnicos especializados y personal bajo regímenes rotativos. El estudio estima que una parte limitada de los empleos directos podría cubrirse con residentes actuales.
La llegada de trabajadores y familias elevaría la demanda de viviendas, educación, atención sanitaria, electricidad, combustibles, tratamiento de residuos y servicios públicos. También sería necesario incorporar personal destinado a la regulación, el control sanitario y la fiscalización ambiental de los centros.
El informe considera, además, que la salmonicultura podría competir por trabajadores con actividades ya instaladas. Esa movilidad laboral tendría efectos potenciales sobre la pesca, la construcción, el comercio y los servicios públicos.
La incorporación de una nueva industria ofrecería ingresos y oportunidades laborales, al tiempo que exigiría inversiones previas para ampliar la capacidad administrativa, habitacional y energética del archipiélago.
Procesamiento y logística fuera de las islas
El proyecto prevé que, durante sus primeras etapas, una parte sustancial del procesamiento industrial se realice fuera de Malvinas.
Unity Marine analiza utilizar buques especializados para sacrificar y acondicionar los salmones y trasladarlos posteriormente hacia Chile para su distribución comercial. En las islas funcionaría una planta de menor escala destinada al consumo local, el abastecimiento de la base militar británica y el mercado vinculado con los cruceros.
Este diseño reduciría inicialmente la proporción de valor agregado capturada dentro del archipiélago. Malvinas concentraría la cría, la cosecha y parte de los servicios marítimos, mientras que segmentos relevantes del procesamiento y la distribución quedarían radicados en otros países.
La evolución de ese esquema será uno de los elementos necesarios para establecer el impacto real sobre el empleo, la industria y la recaudación.
Los riesgos ambientales analizados
La documentación encargada por las autoridades británicas reconoce que la salmonicultura en jaulas abiertas puede generar efectos sobre el fondo marino, la columna de agua y las especies que utilizan las áreas costeras.
Entre los riesgos estudiados aparecen la acumulación de alimento sin consumir y materia fecal debajo de las jaulas, el aumento de nutrientes, la modificación de las comunidades bentónicas y la degradación localizada del lecho marino.
Los informes también analizan los escapes de salmón del Atlántico, una especie ajena al ecosistema natural de la región, la transmisión de enfermedades y agentes patógenos, el uso de medicamentos veterinarios y productos antiparasitarios, las mortalidades masivas y los mecanismos para retirar y disponer los ejemplares.
También consideran la interacción de las jaulas con aves, lobos marinos y otros depredadores, los residuos plásticos, las redes perdidas, las sustancias utilizadas para controlar incrustaciones, los posibles efectos sobre hábitats costeros y poblaciones silvestres, y la superposición con la pesca, el turismo, la navegación y las áreas de conservación.
El informe sobre impactos ambientales y medidas de mitigación sostiene que la selección de sitios, el control de la biomasa, la rotación de los centros y los descansos sanitarios pueden reducir parte de esos efectos.
También establece que la actividad produce alteraciones que deben ser medidas, reguladas y mantenidas dentro de límites previamente definidos. La decisión deberá considerar qué nivel de impacto ambiental resulta admisible y qué capacidad de control puede desplegarse.
Cuatro alternativas productivas
El estudio sobre capacidad ambiental presenta cuatro opciones para el futuro de la actividad.
La primera contempla mantener las aguas circundantes a las Islas Malvinas libres de salmonicultura. La segunda admite una industria limitada por la capacidad ambiental estimada. La tercera permite la producción con un límite considerablemente inferior a ese máximo. La cuarta reserva el desarrollo para modelos diferenciados, de menor escala u orgánicos.
Los técnicos utilizaron modelos para proyectar la deposición de residuos sobre el fondo y el aumento de nutrientes en la columna de agua.
El informe sobre capacidad de carga ambiental explica que el volumen admisible depende de la profundidad, las corrientes, la alimentación, la ubicación de las jaulas, la biomasa y el tiempo de descanso entre los ciclos productivos.
La capacidad ambiental constituye así una estimación variable que deberá completarse con estudios específicos sobre cada sitio. Las 50.000 toneladas corresponden a la propuesta empresarial de Unity Marine y a la escala que la compañía considera necesaria para sostener la viabilidad económica del emprendimiento.
Un régimen regulatorio por desarrollar
Las autoridades británicas todavía deben elaborar un marco integral para regular una industria salmonicultora de esta magnitud.
Una revisión encargada a MacAlister Elliott & Partners comparó las regulaciones aplicadas en Noruega, Chile, Escocia e Islas Feroe. El trabajo recomienda establecer normas específicas para el arrendamiento del lecho marino, la selección de sitios, la bioseguridad, el bienestar animal, la gestión de mortalidades, el control de enfermedades y la publicación de información productiva y ambiental.
También propone límites de biomasa, planes frente a escapes, inspecciones, garantías financieras y evaluaciones de impacto previas a cada permiso.
La revisión legislativa, publicada entre los documentos oficiales de la consulta, indica que una eventual decisión favorable deberá ser seguida por la elaboración y aprobación de ese marco jurídico. Recién después podrían recibirse y analizarse proyectos comerciales específicos.
Reclaman una votación directa
La apertura de la consulta reactivó las diferencias dentro de la población isleña. El grupo Salmon Free Falklands considera que una industria de esta escala representaría la mayor intervención productiva realizada sobre las costas del archipiélago y reclama un referéndum.
La consulta vigente funciona mediante una encuesta y reuniones públicas. Sus resultados serán procesados por las autoridades británicas y enviados al Consejo Ejecutivo. El procedimiento reúne opiniones y antecedentes para una decisión posterior, pero carece de carácter vinculante.
Los sectores críticos cuestionan la información ambiental disponible y reclaman mayores precisiones sobre el tratamiento de escapes, enfermedades y mortalidades. También advierten sobre la proximidad de los centros a bancos de algas, áreas utilizadas por aves y mamíferos marinos y ambientes relacionados con las pesquerías de calamar.
Los promotores, por su parte, presentan la actividad como una alternativa para diversificar la economía, generar ingresos fiscales y ampliar las oportunidades laborales.
Ambiente, recursos y soberanía
La posible instalación de una industria salmonicultora agrega una nueva dimensión productiva sobre un territorio y espacios marítimos sujetos a una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido reconocida por las Naciones Unidas.
La posición oficial argentina establece que las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes forman parte de una controversia pendiente de solución. Las resoluciones de las Naciones Unidas llaman a ambos países a reanudar las negociaciones bilaterales.
La decisión también tendrá consecuencias sobre la configuración productiva del Atlántico Sur. Los centros de cultivo, criaderos, buques de apoyo e instalaciones logísticas ocuparían áreas costeras relacionadas con cadenas tróficas que sostienen poblaciones de peces, calamares, aves y mamíferos marinos.
La consulta permanecerá abierta hasta el 30 de octubre. A partir de sus resultados, el Consejo Ejecutivo deberá resolver si mantiene la actual estructura de aprovechamiento marino o habilita el desarrollo de una nueva industria.
La determinación alcanzará mucho más que la producción de salmón. Definirá el uso económico de zonas costeras, el nivel de intervención aceptado sobre el ecosistema, la infraestructura necesaria y el alcance de una actividad capaz de producir 50.000 toneladas anuales en las Islas Malvinas.






