El deterioro meteorológico extendido sobre buena parte del litoral marítimo argentino interrumpió las operaciones pesqueras y obligó a un repliegue de la flota hacia puertos, golfos, radas y fondeaderos protegidos de las costas bonaerense y patagónica.
El movimiento comenzó durante la noche del miércoles 19 de agosto y se profundizó en las jornadas siguientes. La previsión mantiene condiciones adversas hasta las últimas horas del sábado 22 y anticipa una mejora progresiva a partir del domingo 23.
La combinación de vientos del sector sur y sudoeste, con intensidades que en sectores marítimos alcanzaron los 40 nudos, y olas significativas de entre 4 y 5 metros volvió improductiva la permanencia en los caladeros. Algunos modelos utilizados para la planificación operativa ubicaron los máximos cercanos a 5,9 metros en sectores alejados de la costa.

El boletín de olas del Servicio de Hidrografía Naval (SHN) mostró la propagación del fenómeno desde el sur hacia el noreste. Para distintos sectores de la METAREA VI informó alturas de entre 2,5 y 4,5 metros y valores de hasta 5 metros.
El organismo aclara que sus boletines informan alturas significativas superiores a 2,5 metros y emiten avisos específicos cuando se esperan olas mayores a 5 metros.
La costa volvió a convertirse en abrigo
El impacto más visible se produjo en el Golfo Nuevo, donde decenas de pesqueros suspendieron la actividad y buscaron protección en rada de Puerto Madryn. Otros ingresaron a Rawson, Camarones, Comodoro Rivadavia, Caleta Paula y Puerto Deseado, mientras varias unidades pusieron proa hacia Mar del Plata.

También se utilizaron radas, golfos y espacios costeros de fondeo que ofrecen abrigo frente a los vientos predominantes como el caso de Bahía Cracker. La maniobra permite reducir la exposición de las tripulaciones y equipos de cubierta.
Los reportes provenientes de Puerto Madryn indicaron una concentración superior a los 130 barcos dentro del Golfo Nuevo.
La interrupción llega cuando la zafra nacional de langostino atraviesa una fase de menores rendimientos, mayor dispersión del recurso y reducción de las áreas comercialmente atractivas generando una fuerte concentración de buques en pocas millas cuadradas.
La flota venía concentrando el esfuerzo principalmente en las subáreas 7 y 8. También permanecían habilitadas las subáreas 4, 5, 15 y 16, aunque la distancia y las condiciones de captura redujeron el interés por trasladar allí una cantidad significativa de barcos.
La prospección realizada en las subáreas 9 y 13 tampoco abrió una nueva alternativa. En la Subárea 9 se registraron capturas prácticamente nulas y una relación merluza/langostino de 6,4, muy por encima de cualquier parámetro admisible para sostener la actividad dirigida.
En la Subárea 13, el primer relevamiento arrojó un rendimiento medio de 357 kilos por hora, una participación de ejemplares L4 y menores del 32,17% y una relación merluza/langostino de 1,11. Durante la segunda jornada aumentó la presencia de ejemplares pequeños y la captura incidental de merluza continuó por encima del límite de referencia de 0,20.
El Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP) recomendó finalizar ambos relevamientos y la Autoridad de Aplicación mantuvo cerradas las dos subáreas.
Una flota congeladora que concentró el 62% de las descargas
La base oficial de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca permite dimensionar el peso alcanzado por cada segmento. Entre el 1 de abril y el 18 de agosto de 2026 se declararon 110.727,6 toneladas de langostino en los puertos argentinos de aguas nacionales, dentro y fuera de la ZVPJM.
La distribución por tipo de flota fue la siguiente:

Información elaborada por PESCARE con datos oficiales de la Dirección de Planificación Pesquera del MAGYP.
Los congeladores reunieron, en conjunto, 68.942,6 toneladas, equivalentes al 62,3% del langostino descargado durante el período. Los distintos segmentos fresqueros aportaron 41.785 toneladas, el 37,7%.
La estadística expresa toneladas desembarcadas y por sí sola carece de información suficiente para calcular rendimiento por barco y día efectivo de pesca. Sin embargo, muestra la capacidad de la flota congeladora de barrer con eficiencia el recurso objetivo; una ventaja asociada al procesamiento y la conservación a bordo pero sobre todo el grado de capacitación, eficienci y compromiso de las tripulaciones que trabajan en plantas de procesado a bordo.
Rawson perdió peso dentro de la temporada nacional
Entre abril y el último corte estadístico, Rawson recibió 4.139,6 toneladas de langostino procedentes de los segmentos fresqueros: 1.811,7 toneladas correspondieron a fresqueros costeros y 2.327,9 toneladas a fresqueros de altura.
La cifra permite medir el aporte de los segmentos que operaron desde Rawson, aunque la flota costera de Rawson con permiso de pesca en nación solo puede tener un alcance hasta 100 millas náuticas de la costa por lo que su operatoria está condicionada por la distancia a las subareas abiertas a la pesca.
El dato expone un cambio respecto de otras etapas de la pesquería: la mayor parte del langostino capturado durante la temporada nacional quedó en manos de los congeladores tangoneros y en menor tenor a los fresqueros de altura, con una intervención reducida de los costeros de Chubut.
Caballa, anchoíta y regreso masivo a la merluza
El temporal también funciona como punto de salida para varios fresqueros que decidieron concluir su participación en la zafra de manera anticipada. Por estos días son varios los buques que se vieron desarmar tangones y buscar pesca objetivo en pelágicas y de nuevo merluza común.
Otro grupo orientará su esfuerzo hacia la anchoíta bonaerense, recurso cuya disponibilidad comienza a ganar interés en el tránsito hacia la primavera. La posibilidad dependerá de la localización de concentraciones comercialmente estables y de la capacidad de absorción de las plantas locales.
La mayoría de los fresqueros de altura, sin embargo, regresará al oficio de la merluza común. Ese movimiento puede volver a concentrar un volumen importante de pescado en Mar del Plata, principal puerto merlucero del país.
La consecuencia inmediata será una mayor disponibilidad de materia prima para plantas y cámaras frigoríficas. Al mismo tiempo, el ingreso simultáneo de numerosos buques puede incrementar la sobreoferta, comprimir el precio de primera venta y trasladar presión sobre la estiba, el procesamiento y la capacidad de frío.
La transición resulta especialmente sensible para empresas que necesitan mantener continuidad laboral después del langostino, pero ingresan a una pesquería cuya ecuación económica depende de cada estructura de costo por unidad de pesca.
La Subárea 10 queda como última expectativa… y la subárea 6
Una vez superado el temporal, la flota que permanezca en la temporada intentará regresar a las subáreas 7 y 8. En paralelo, dentro del sector se espera una posible prospección de la Subárea 10, con el objetivo de determinar si conserva concentraciones de langostino comercial y niveles compatibles de captura incidental de merluza.
La eventual evaluación aparece como una de las últimas posibilidades para extender la zafra. Su realización y cualquier apertura posterior deberán depender de los resultados técnicos informados por el INIDEP.
En sentido contrario, cámaras empresarias vinculadas principalmente con buques congeladores ya intensificaron las gestiones para cerrar la temporada. La presión vuelve a canalizarse a través de lobistas que procuran acomodar la administración del recurso al calendario comercial de sus representados. El objetivo resulta funcional a una ecuación conocida: interrumpir la pesca en aguas nacionales, liquidar las existencias almacenadas y llegar con cámaras disponibles a una zafra provincial que podría adelantarse a mediados de octubre, con menor oferta acumulada y una demanda fortalecida para el nuevo langostino.
La dispersión del recurso, el aumento de los tiempos de búsqueda y el mayor costo operativo aportan argumentos atendibles, pero detrás del apuro aparece un interés económico concreto: administrar el cierre de una pesquería pública para ordenar inventarios, sostener precios y preparar el siguiente negocio provincial. La decisión, sin embargo, corresponde a la autoridad pesquera y debe apoyarse en información biológica del INIDEP, antes que en la conveniencia comercial de quienes ya capturaron la mayor parte del volumen disponible.
El temporal introdujo una pausa forzada dentro de esa discusión. Cuando el viento permita volver al caladero, cada armador deberá resolver si todavía existe margen económico para continuar, si espera una nueva prospección o si deriva definitivamente sus buques hacia caballa, anchoíta o merluza, al menos la flota fresquera de altura marplatense.
La paralización, por lo tanto, supera el episodio meteorológico. El mal tiempo aceleró la redistribución de la flota y puede transformar el cierre operativo del langostino en un nuevo problema de oferta para la merluza, con Mar del Plata como principal punto de recepción del cambio.






