La temporada 2026 de langostino en aguas nacionales llegó a su fin con un volumen de capturas sensiblemente superior al registrado el año pasado. Con estadísticas oficiales actualizadas al 9 de septiembre, se habían declarado 126.163,1 toneladas, aunque el número todavía no representa el resultado definitivo debido a que restan incorporarse las últimas descargas de los buques que finalizaron sus mareas.
Por ese motivo, el balance final se ubicaría por encima de las 130.000 toneladas, una vez que se complete el registro de los desembarques posteriores al último corte estadístico.
La comparación con 2025 permite dimensionar el crecimiento. Durante toda la temporada pasada se desembarcaron 88.850 toneladas provenientes de aguas nacionales. De esta manera, aun sin contabilizar las últimas descargas de 2026, el volumen de este año ya resulta 37.313 toneladas superior, lo que representa un incremento cercano al 42%.
La actividad de 2026 comenzó oficialmente en abril, con operaciones en aguas nacionales por fuera de la Zona de Veda Permanente de Juveniles de Merluza (ZVPJM). Durante ese mes se declararon 1.753,4 toneladas.
Posteriormente se desarrollaron las prospecciones destinadas a determinar las condiciones para avanzar sobre distintas áreas dentro de la zona de veda. Finalmente, el 29 de mayo comenzó formalmente la pesca comercial dentro de la ZVPJM, dando paso al período de mayor actividad de la temporada.
En mayo se declararon 6.080,9 toneladas, mientras que en junio el volumen saltó hasta 38.975,3 toneladas. Durante esta temporada también estuvo vigente, de manera excepcional para 2026, la flexibilización del límite de 72 horas de operación para los buques fresqueros, una modificación introducida en el esquema operativo de la pesquería.
El máximo llegó en julio, cuando se declararon 45.558,1 toneladas, convirtiéndose en el mes de mayor volumen de la temporada.
Después del máximo de julio comenzó una reducción progresiva de los rendimientos. En agosto se declararon 28.934,4 toneladas, unas 16.624 toneladas menos que durante el mes anterior.
El escenario comenzó entonces a mostrar señales diferentes a las observadas durante el período de mayor productividad. La dispersión del recurso, las condiciones meteorológicas adversas y el esfuerzo ejercido por una flota de elevada capacidad operativa incidieron sobre las concentraciones disponibles.
Al mismo tiempo comenzó a cobrar cada vez mayor relevancia la presencia de merluza como captura incidental, una variable que terminaría condicionando decisivamente la continuidad de la pesquería durante las últimas semanas.
Una sucesión de cierres por merluza incidental
Durante agosto y los primeros días de septiembre, el mapa operativo comenzó a reducirse progresivamente a medida que distintas áreas dejaron de reunir las condiciones necesarias para mantener la pesca dirigida al langostino.
Uno de los primeros movimientos se produjo sobre la Subárea 12 y el sector sur de la Subárea 14, cuyo cierre fue dispuesto ante los elevados niveles de captura incidental de merluza.
Hacia fines de agosto, la situación se extendió a las Subáreas 7 y 15, donde los resultados también mostraron una elevada presencia de merluza juvenil y determinaron la interrupción de las operaciones.
El proceso continuó en septiembre. La Subárea 16 fue cerrada por exceso de captura incidental de merluza y posteriormente ocurrió lo mismo con la Subárea 8, donde la presencia de esa especie terminó desplazando al langostino como componente predominante de las capturas.
Con cada cierre se redujeron las alternativas disponibles para la flota hasta que las Subáreas 4 y 5, las últimas que permanecían habilitadas dentro de la ZVPJM, también fueron cerradas. En esos sectores los últimos resultados habían mostrado capturas prácticamente nulas de langostino.
La autoridad pesquera fijó entonces el 9 de septiembre a las 23:59 como límite para el último despacho a la pesca, anticipando el final de la temporada.
Finalmente, el 13 de septiembre se dispuso el cierre de la pesca dirigida al langostino en todas las aguas de jurisdicción nacional, con el cese de las operaciones y el regreso de los buques a puerto.
El contraste con 2025 resulta particularmente significativo. El año pasado, la actividad en aguas nacionales estuvo fuertemente condicionada por conflictos laborales y problemas de costos que demoraron y limitaron la operatoria de la flota. La temporada terminó con 88.850 toneladas provenientes de jurisdicción nacional.
En 2026, en cambio, la actividad pudo desarrollarse con mayor continuidad durante los meses centrales y concentró buena parte de su producción entre junio y julio. Para el 9 de septiembre ya acumulaba 126.163,1 toneladas, aproximadamente un 42% más que todo el volumen registrado en aguas nacionales durante 2025.
El dato adquiere todavía mayor relevancia porque el registro de este año permanece abierto desde el punto de vista estadístico. Los últimos buques que abandonaron las zonas de pesca todavía se encuentran completando sus descargas, por lo que esas capturas no están íntegramente reflejadas en el corte disponible.
El resultado definitivo deberá conocerse una vez consolidados esos desembarques. Con los números disponibles, sin embargo, la temporada 2026 ya muestra un escenario claramente diferente al del año anterior: mayor volumen, una fuerte concentración de capturas durante el período central y un cierre progresivo determinado por la caída de los rendimientos de langostino.






