La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) confirmó que la producción mundial de pesca y acuicultura alcanzó en 2024 un nuevo máximo histórico, con 235 millones de toneladas, y consolidó un cambio de fondo en el sistema global de alimentos acuáticos: la acuicultura ya explica la mayor parte del crecimiento, mientras la pesca de captura se mantiene dentro de márgenes estables y cada vez más condicionados por la administración del recurso.
El dato surge de la nueva edición del estado mundial de la pesca y la acuicultura 2026, conocido como SOFIA 2026, presentado en Mombasa, Kenia, el martes 16 de junio pasado, durante la 11ª Conferencia Our Ocean. El informe estima que, dentro del volumen total, 195 millones de toneladas correspondieron a animales acuáticos, una categoría que concentra el principal peso alimentario, comercial e industrial del sector.
La información marca una señal directa para la actividad pesquera internacional. El mundo produce más, consume más y comercia más productos acuáticos, pero el aumento ya no proviene centralmente de capturar más en el mar. La expansión se concentra en la acuicultura, que superó por primera vez los 100 millones de toneladas de animales acuáticos y alcanzó 103 millones de toneladas en 2024.
Con ese volumen, la acuicultura aportó el 53% de la producción total de animales acuáticos y más del 59% de los alimentos acuáticos destinados al consumo humano. La pesca de captura, en cambio, llegó a 92 millones de toneladas y se mantiene dentro del rango de 86 a 94 millones de toneladas que sostiene desde fines de la década de 1980.
Ese contraste define el nuevo mapa productivo. La captura conserva valor económico, social y alimentario, pero su crecimiento depende cada vez más de ciencia pesquera, evaluación de stocks, fiscalización, trazabilidad, eficiencia operativa y reglas estables. La acuicultura, en cambio, aparece como el principal vector de aumento de oferta frente a una demanda mundial que continúa creciendo.
Según FAO, el 89% de la producción de animales acuáticos se destinó al consumo humano. Los alimentos acuáticos aportan al menos una quinta parte de la proteína animal que consumen 3.100 millones de personas y sostienen más de 600 millones de medios de vida en el mundo, entre pesca, acuicultura, procesamiento, transporte, comercialización, servicios portuarios e industrias asociadas.
El comercio internacional también alcanzó una escala de alto impacto. El valor de los productos de animales acuáticos llegó a US$184.000 millones en 2024. Más de un tercio de la producción ingresó a circuitos internacionales, en cadenas atravesadas por exigencias sanitarias, logística, certificaciones, precios, financiamiento, capacidad de frío, procesamiento y acuerdos comerciales.
Entre 1976 y 2024, el valor de las exportaciones de productos pesqueros y acuícolas creció más de 23 veces en términos nominales y casi seis veces en términos reales. El salto refleja el aumento de la producción, la expansión de plantas de procesamiento, la mejora en conservación y transporte, la apertura de mercados y la incorporación de los alimentos acuáticos a dietas urbanas de mayor escala.
La disponibilidad mundial per cápita de alimentos acuáticos alcanzó los 21,1 kilos por persona en 2023 y subió a un estimado de 21,3 kilos en 2024. La mejora global, sin embargo, muestra diferencias marcadas entre regiones. En Asia, la disponibilidad llega a 26,3 kilos por habitante, mientras que en África se ubica en 9,1 kilos. El dato expone que producir más no garantiza por sí solo acceso equilibrado, precios razonables ni seguridad alimentaria homogénea.
El informe también incorpora información sensible para la administración pesquera. En 2023, el 72,6% de los desembarques provino de poblaciones biológicamente sostenibles. La cifra confirma que la sustentabilidad de la pesca extractiva depende de sistemas de información sólidos, límites de captura, control efectivo, cooperación regional y combate contra la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada.
Entre las pesquerías destacadas, FAO informó que las capturas de atún alcanzaron un récord de 9,3 millones de toneladas en 2024. También registró una fuerte recuperación de la anchoveta, que pasó de 2,4 millones de toneladas en 2023 a más de 5 millones de toneladas en 2024, con un crecimiento del 109%. La pesca continental, por su parte, llegó a un máximo de 12,3 millones de toneladas.

La proyección hacia adelante mantiene la misma dirección. FAO estima que la producción de animales acuáticos podría alcanzar 214 millones de toneladas en 2034. Ese escenario abre una competencia más intensa por mercados, inversiones, certificaciones, eficiencia logística, agregado de valor y regularidad de abastecimiento.
Para los países pesqueros, el mensaje tiene una lectura concreta. El crecimiento mundial ya no alcanza como dato aislado. La capacidad de capturar valor dependerá de la fortaleza institucional, la calidad de los datos científicos, la trazabilidad de las capturas, la modernización portuaria, la eficiencia industrial y la posibilidad de sostener estándares ambientales y comerciales cada vez más exigentes.
El informe también advierte sobre factores que pueden modificar el desempeño del sector. El cambio climático, la degradación ambiental, los shocks económicos y los desplazamientos geopolíticos ya inciden sobre producción, comercio y disponibilidad. Bajo escenarios de altas emisiones, la biomasa explotable de peces podría caer más de 10% hacia 2050 en distintas regiones, con impacto directo sobre flotas, plantas, puertos y comunidades costeras.
En ese marco, FAO volvió a ubicar la Transformación Azul 2022-2030 como hoja de ruta para ordenar el crecimiento. En acuicultura, el organismo promueve arministración basada en ciencia, ordenamiento espacial, innovación y sistemas integrados. En pesca de captura, impulsa mejores datos, monitoreo reforzado, vigilancia, cooperación entre organismos regionales y control sobre operaciones ilegales.
La consecuencia sectorial es clara. La pesca mundial ingresa en una etapa donde el volumen por sí solo pierde centralidad frente a la administración, el valor agregado y la confianza de mercado. La acuicultura ocupa el centro del nuevo aumento productivo, mientras la pesca extractiva mantiene su peso estratégico cuando puede demostrar sostenibilidad, regularidad y control.
Para la Argentina y para los países con tradición pesquera exportadora, SOFIA 2026 deja una señal de competencia y oportunidad. La demanda internacional continúa activa, el comercio sostiene valores elevados y los alimentos acuáticos ganan lugar en la dieta global. Pero el acceso a ese mercado dependerá cada vez más de demostrar sostenibilidad, calidad sanitaria, trazabilidad, procesamiento industrial, eficiencia portuaria y cumplimiento de estándares internacionales.
El récord informado por FAO no describe únicamente una nueva marca estadística. Expone una transformación profunda del negocio pesquero y acuícola mundial: más producción, más comercio, mayor presión ambiental, más exigencias regulatorias y una competencia creciente por valor agregado, mercados y confianza.






