Los desembarques de Merluccius hubbsi llegaron a 171.247 toneladas entre el 1° de enero y el 21 de julio de 2026. Para comparar el mismo lapso, el total completo de julio de 2024 y 2025 fue prorrateado a 21 días mediante una proyección lineal: el acumulado equivalente alcanza 164.064 toneladas en 2024 y 152.404 toneladas en 2025. La diferencia coloca a 2026 4% por encima de 2024 y 12% sobre 2025.
La comparación toma como eje el último corte publicado por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca. Las planillas oficiales informan 2026 hasta el 21 de julio, con lo cual la comparación sobre desembarques también es al 21 de julio de 2024 y 2025.

El detalle introduce una lectura más precisa. Hasta junio, 2026 había construido una diferencia de 18% frente a 2025. El ritmo de julio la moderó, el desembarque efectivo de 17.668 toneladas en 21 días quedó 21% debajo de la proyección lineal de julio de 2025, aunque superó en 7% la referencia de 2024 y esto tiene que ver con el inicio de la temporada de pesca de langostino en aguas nacionales en tiempo y forma, no como el año precedente cuyo inicio intenso fue el 1 de agosto de 2025.
La tasa diaria de julio confirma ese comportamiento. En 2026 se descargaron 841 toneladas diarias; el equivalente de 2024 arroja 789 toneladas por día y el de 2025, 1.068 toneladas cuando operaba toda la flota a este recurso. La campaña actual conserva una ventaja acumulada relevante, mientras julio exhibe una menor velocidad de descarga que la registrada un año atrás.
El stock sur sostuvo el volumen y la ZEEA norte ganó participación
El stock al sur del paralelo 41° aportó 153.822 toneladas al 21 de julio, equivalentes a 90% del desembarque nacional de merluza común. Sumó 17.594 toneladas frente al período equivalente de 2025 y sostuvo la base principal de la recuperación del recurso en los muelles.

La ZEEA al norte del 41° agregó 4.254 toneladas sobre 2025 y creció 50%. Junto con las 17.594 toneladas adicionales del stock sur, explica la expansión del acumulado nacional. El registro norte de ZCPAU/CTMFM y el Golfo San Matías aportaron menores volúmenes, con una incidencia limitada sobre el resultado general.
Mar del Plata conserva el liderazgo y Puerto Deseado acelera
Mar del Plata recibió 103.815 toneladas de merluza común hasta el 21 de julio y concentró 61% del total nacional. La descarga portuaria creció 10.200 toneladas frente al período equivalente de 2025 y quedó prácticamente alineada con 2024.

Mar del Plata y Puerto Deseado explican 15.592 de las 18.843 toneladas adicionales descargadas en el país frente a 2025. El avance de Puerto Deseado, con 5.392 toneladas más, amplió su participación en un período donde Comodoro Rivadavia y Puerto Madryn registraron menores volúmenes interanuales.
Los fresqueros de altura concentran 63% del desembarque

Los fresqueros de altura descargaron 107.009 toneladas y explicaron 15.544 toneladas del aumento interanual. Los congeladores arrastreros agregaron otras 6.620 toneladas. La menor participación de la flota de rada o ría moderó parte de ese avance, mientras los costeros recuperaron volumen desde una base menor.
Esa gravitación de la flota fresquera se expresa también en la tarea que convierte una captura en materia prima para las plantas de tierra. Cada tonelada descargada condensa una decisión de pesca, horas de navegación, trabajo de bodega y una cadena de frío sostenida en condiciones de mar.
El trabajo a bordo que sostiene cada cajón de merluza
El BP Don Natalio, fresquero de 36 metros con asiento en Mar del Plata, expresa una parte concreta de las 103.815 toneladas de merluza común descargadas en el puerto hasta el 21 de julio.
La marea actual se desarrolla en aguas nacionales, fuera del Golfo San Jorge, a unas 120 millas de Puerto Deseado. Allí llegó luego de probar distintos puntos de su derrotero. La decisión del capitán busca concentrar la operatoria sobre las mejores tallas comerciales de merluza, una elección que define el valor de la captura antes de que el pescado entre en bodega y mucho antes de su descarga en el Muelle 1.
Desde Mar del Plata, el buque navega cerca de 48 horas hasta el área de trabajo. En ese trayecto y durante la pesca, la tripulación enfrenta el movimiento permanente del Atlántico Sur, el frío, las cubiertas húmedas y turnos que ordenan cada maniobra. El mar condiciona la tarea; la respuesta se construye con método, conocimiento del buque y coordinación entre hombres que llevan años compartiendo campañas.
En la bodega se resuelve una parte decisiva de la calidad final. Cada cajón recibe una importante provisión de hielo y una estiba cuidadosa que protege la materia prima desde el momento de su estibaje. Las bajas temperaturas, el ritmo de trabajo y la precisión requerida para sostener la cadena de frío convierten a ese espacio en un ambiente de exigencia física permanente. Allí, la captura pasa a ser producto.
La dotación estable también agrega valor. El compañerismo construido durante años permite anticipar movimientos, ordenar tiempos y sostener la eficiencia aun cuando el buque trabaja bajo condiciones adversas. Esa experiencia colectiva se refleja en la selección de la mercadería, en el hielo disponible en cada cajón y en la condición con la que la merluza llega a Mar del Plata.
El desembarque del Don Natalio alimenta así al cinturón procesador marplatense: plantas, fileteado, frío, estiba, transporte y comercialización dependen de esa materia prima que llega desde el mar. Detrás de cada tonelada consignada en una planilla oficial hay una tripulación que transforma una captura en alimento y trabajo industrial. Lejos del hogar y afectos construyen un ambiente de trabajo hostil en camaradería, compañerismo y solidaridad con el otro; incluso muchas veces sin siquiera saber en qué lugar del mar argentino estan, pero siempre lejos de casa.
La escena también expone una discusión que atraviesa a buena parte de la actividad. El salario de muchos tripulantes conserva una distancia visible frente al riesgo, a las bajas temperaturas, al esfuerzo físico, a los días fuera de sus hogares y a la responsabilidad que exige trabajar en un buque en movimiento con fuerzas enormes que cuando encuentran en su camino el cuerpo o extremidades de un tripulante, el estrago puede ser importante, grave.
La calidad que llega a tierra empieza mucho antes: en una bodega helada, lejos del puerto, durante las guardias interminables de una tripulación que sostiene la faena marea tras marea. ¿El hombre de mar nace o se hace? Acaso ambas cosas. Lleva sal en la sangre, las manos marcadas por el trabajo y una convicción profunda que lo devuelve al horizonte, aun cuando conoce la dureza de cada maniobra.
Desde el continente, el resultado puede parecer una descarga, una tonelada, un número; en el mar, cada captura lleva detrás horas de esfuerzo, cuidado mutuo y una vida expuesta a fuerzas que jamás conceden distracciones. Por eso, cuando una maniobra termina mal, ninguna estadística alcanza a contener lo que se pierde, detrás de cada nombre hay una familia que espera, un proyecto de vida con ilusiones y alegrías, un compañero que queda en cubierta y una historia de trabajo que merece respeto, protección y memoria.
En los fríos números, el corte al 21 de julio deja una conclusión más completa que la foto de junio, la merluza común mantiene en 2026 un nivel de desembarque superior a 2024 y 2025. La actividad de julio perdió velocidad frente al fuerte antecedente de 2025, pero el stock sur, la mayor presencia en la ZEEA norte, la continuidad de Mar del Plata y el crecimiento de Puerto Deseado sostienen un acumulado que sigue alimentando al circuito industrial de la principal pesquería argentina en volúmen.






